16.11.09

LIBRO

Reconozcámoslo: en esta era hipertecnológica que nos ha tocado vivir, el ancestral libro sigue revelándose como uno de nuestros mejores inventos. Y es que el libro soporta muy bien las caídas. Y nunca se queda “colgado”. Ni sin batería. Es ligero y algunos aguantan lustros sin quedarse obsoletos. Es más: con el tiempo a veces se convierten en joyas. Así que es normal que el libro siga siendo, desde tiempos inmemoriales, nuestro fiel compañero. También es verdad que hasta el invento de la imprenta hace cinco siglos, el libro se usaba más para conservar, “enlatar”, la cultura y el saber, que para el disfrute del personal.
Cuando pensamos en un libro, muchas veces lo visualizamos como un mero contenedor de texto. Es decir: palabras, frases, escritas sobre papel. Pero también un libro puede estar lleno de imágenes. Y de imágenes y texto. Las posibilidades son múltiples y todas ellas conviven en armonía.
Y el libro puede ser también un buen vehículo para la gente que dibuja, pinta. En ese caso se suele hablar de “libro de autor”. Por aquí cerquita, en nuestra ciudad, tenemos la sede de una editorial que, entre otras muchas cosas, ha publicado también varios libros de ese género, llamémoslo “mestizo”. Me refiero a la editorial Basarai. Basarai ha trabajado con pintores como Xabin Egaña, Lazcano o Mintxo. Y de este último después de editarle “El sueño del dibujante” (2001) y “Poemas del caminante” (2005) ahora han colaborado en el parto del tercero: “A travesura”. Ayer se presentó al público en la sede de la Fundación Sancho El Sabio. Con la colaboración del “Programa Amárica”.
Extraído del propio libro: “A travesura en un bosque de hojas blancas” es un trabajo artístico que se revela sobre las hojas de un cuaderno. No es, por tanto, una simple colección de dibujos aislados, sino una entidad gráfica formada por un conjunto de dibujos que se van entrelazando en las páginas que estaban en blanco, como si al paso de la mano se fueran revelando las imágenes. Esta realidad pictórica en movimiento se completa con pequeños pensamientos que subrayan el ánimo del autor. La memoria y la fantasía recrean las imágenes con una actitud expectante, incluso traviesa, en una trama que surge en la mente del artista y se plasma en un cuaderno de arte que se ofrece al lector para que complete el viaje realizado y se sorprenda por la belleza de las pinturas y dibujos.”
Mintxo es uno de los mejores dibujantes que he conocido en mi vida. Viéndole dibujar parece que los rostros, cuerpos, objetos, paisajes están ocultos en el papel y que él lo único que hace es ayudarlos a salir a la superficie. Usando para ello casi cualquier cosa: un lápiz, un pincel, el dedo, un trapo… “Consigo el grafito en barritas y con ellas dentro de un lapicero, las transformo en imágenes paseándolas por el papel”, apostilla el autor en el libro. Así de fácil lo dice. Y así de fácil lo hace parecer. Aunque la realidad es otra: por detrás de ese “fácil” se esconde mucha sabiduría dibujística.