16.12.09

GUÍA

Tendré en mi casa unos quinientos catálogos y libros de arte, otros tantos libros de temas variados, y cerca de 10.000 cómics y fanzines. Y lo tengo todo “ordenado” de aquella manera. Pero si alguien me pide un cómic determinado, al final, si lo tengo, lo acabo localizando. Y también puedo aconsejar a alguien qué leer de entre ese material mío: un par de preguntas previas y un poco de psicología aplicada son suficientes para saber qué recomendarle. Pero si alguien viniese a mi casa buscando algo, y yo no estuviera ahí, posiblemente esa persona acabaría perdida, enterrada entre papel, naufragando entre material interesante y otro que no lo es tanto. Supongo que saldría de mi casa maravillada, pero desorientada completamente. En definitiva: ante tantísima información recopilada en hemerotecas, archivos, museos y bibliotecas necesitamos que la gente que ha leído -o visto- mucho, los llamados “especialistas” nos elabore un mapa que nos oriente. Necesitamos que una persona que ha leído, por ejemplo, miles de libros nos recomiende qué leer, o que un individuo que ha visto miles de obras de arte, nos diga cuáles son de interés. Los especialistas son nuestro filtro. Porque no podemos leernos todo lo que se ha publicado en el mundo. Otros tienen que hacerlo por nosotros y, después, guiarnos.
Y estos días en la Fundación Sancho El Sabio, hay una exposición de fanzines. Como muchos sabréis, un fanzine es una revista realizada por forofos, aficionados, de un tema concreto (política, literatura, arte, cómic…) que no tiene una finalidad comercial y que, muchas veces, está realizada con los escasos medios de los que disponen dichos aficionados. Es un universo muy interesante: fresco, espontáneo e intenso. Reconozco que la Fundación tiene una buena colección. Es más: tienen más ejemplares que yo. Recorriendo el otro día esas vitrinas repletas de ellos, acompañado de un amigo mío, reconocí mucho de lo expuesto: estaba el fanzine “El chino”, antecedente de la revista TMEO, el “fanzine Acción”, publicado por la asociación AMBA, el primer cómic editado por la librería de cómic Crash de Vitoria consistente en una fotocopia doblada por la mitad… Una parte de ese material forma parte de mi biografía: porque yo había leído en su día muchos de esos fanzines, había colaborado en algunos de ellos, e incluso varios los había puesto en marcha yo mismo. Y pensé que ese material tenía mucho sentido para mí, pero ningún sentido para el amigo que me acompañaba. Así que le improvisé una pequeña “visita guiada”. Al salir de la exposición pensé que la Fundación tenía un tesoro, sí, pero que faltaba alguien que explicara a los visitantes eso que estaba viendo. Como yo hago en mi casa con los amigos que vienen a verme. Me llevé el catálogo que habían editado, con el índice del material mostrado y con entrevistas a cuatro o cinco personas relacionadas con el universo de los fanzines. Un catálogo interesante, pero insuficiente, pues no sirve como guía.