14.2.10

GUGGY 2

Parece que se está armando un buen Belén con la idea de crear otro Guggenheim en Bilbao. La Diputación vizcaína está empeñada en exprimir la gallina de los huevos de oro del sello “Museo Guggenheim”. Piensan que si el primero ha sido un éxito y ha servido para reactivar Bilbao, con el segundo la ciudad despegará hacia el infinito. O más allá. Pero el Gobierno Vasco no ve tan clara la jugada. Y no les falta razón. Porque la inversión, de nuevo, va a ser morrocotuda. ¿Y qué pasa si luego no funciona el invento? Nadie cierra un museo que no funcione… Y ahí andan, en esa pelea, mientras nadie escucha lo que al respecto tienen que decir los creadores afincados en el País Vasco. ¿Y qué piensan? Piensan que la puesta en marcha de otra infraestructura de ese calado significará que muchos planes, líneas de actuación, apoyos hacia la cultura de nuestro entorno desaparecerán o mermarán. Y es que parte del dinero necesario para mantener ese nuevo “parque de atracciones” tiene que salir de “las arcas culturales”. Por lo pronto, algunos ya hablan de “pasarle la tijera” al Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Me llamaron el otro día de la radio para que diera mi opinión sobre esta movida. Les dije que yo no soy economista. Que no sé si un nuevo “Guggy” traerá más ingresos a Bilbao o supondrá más gastos. Porque tampoco sé si el “viejo” Guggenheim genera ingresos o gastos. Y no lo sé porque su sistema de gestión es sumamente complejo y, sobre todo, sumamente opaco. Y según quién haga las cuentas, éstas dan saldo positivo o negativo. Y negativo o positivo según para quién, claro. Si eres hotelero o taxista, positivo. Si eres artista o simple ciudadano vasco, negativo. Porque el “Guggy” se costea con dinero de todos nosotros: se paga desde las tres diputaciones vascas a través del Gobierno vasco. Y también un sinfín de instituciones, empresas, públicas, privadas, semipúblicas, aportan fondos. En definitiva, un buen galimatías.El Gugghenheim es un ente pensado para atraer a los turistas culturales. Y según las cifras de visitantes, sólo un porcentaje mínimo de éstos pertenecen al País Vasco. Lógico: hay pocas exposiciones al año. Aunque eso sí, costosas y espectaculares. Así que no tiene sentido acercarse al museo a diario. Además, la entrada vale un ojo de la cara. Por otra parte, el turista no quiere ver arte complejo que le haga pensar. Lo que quiere es pasar un buen rato, ver algo divertido. Así que, al final, con este tipo de museos la cultura se banaliza, se convierte en puro recreo. Y puede dar dinero, sí… ¿pero qué pasa con la “otra cultura”, la que no da dinero?

Y con el nuevo “Guggy”, pues más de lo mismo. A mí no me parece mal que se creen espacios para atraer turistas, no. Lo que me molesta es que este tipo de infraestructuras se costeen con dinero que sale de los departamentos de cultura. Si realmente éstas se crean porque generan dividendos para las ciudades, lo lógico es que se costeen y mantengan con partidas de otros departamentos.