18.3.10

ERREKALEOR

Nunca he estado en el vitoriano barrio de Errekaleor. Y eso es raro. Porque tras tantos años viviendo aquí, por una u otra razón, me he pateado todos los barrios de Vitoria. Incluso algunos me han pateado a mí. Pero nunca he visitado el barrio de Errekaleor. Jamás he tenido amigos que hicieran vida en ese barrio. Y ninguna actividad desarrollada a lo largo mi vida, sea de ocio, profesional… me ha empujado hacia ese lugar. Y esto, me consta, no sólo me ha pasado a mí, sino a la mayoría de la gente que vive en Vitoria. ¿Por qué?
Hagamos memoria: Errekaleor se creó para alojar a parte de los trabajadores que vinieron en a esta ciudad en los años sesenta. Vitoria, por entonces tenía una acuciante necesidad de mano de obra: muchas empresas se habían establecido aquí. Y durante los años sesenta, en sólo una década, Vitoria despegó, duplicó su tamaño, pasando de setenta mil habitantes a ciento cuarenta mil. Y para alojar a las gentes que participarían en la ampliación de nuestra ciudad se tuvieron que crear con urgencia barrios como Errekaleor.
Y ahora, quizá no mañana, pero si en unos meses, este barrio será derribado, pues se ha quedado viejo y desmañado. Y claro, la imagen de un barrio feo –y no tan periférico ahora, pues la ciudad, sin desearlo, se ha acercado a él- no casa con el ideal de urbe cosmopolita que todos llevamos dentro. Así que borremos el barrio del mapa, como si fuera un dibujo mal hecho. Y actuamos como si éste nunca hubiera existido, como si nunca hubiera participado en la historia de esta ciudad. Y se realoja a sus vecinos dispersándolos por Salburua, un barrio del siglo XXI. Ahora podrán vivir como hay que vivir: en un barrio guay. Pero claro, algunos de aquellos trabajadores, que en su día ayudaron a construir Gasteiz y que han visto pasar su vida por las calles de Errekaleor, no quieren irse. No contábamos con que aquella “mano de obra” creara, y se creyese, su propia historia, su propia identidad. Y que se mostrara orgullosa de su “barrio feo”. Ahora treinta vecinos no quieren abandonar Errekaleor. Nos han salido peleones y descarados.
No sé quién dijo que artista es todo aquel que puede entender dos ideas antagónicas. Yo entiendo a la ciudad. Entiendo que el “bien” de la ciudad tiene que estar por encima del bien de un barrio. Pero también entiendo a los vecinos de Errekaleor que no quieren abandonar su hogar. Que quieren ser compensados, sí, pero no sólo con una casa mejor. Ellos piden que no borren a Errekaleor del mapa, que construyan sus nuevas casas ahí, que les dejen quedarse en su barrio.
El sábado 20 de marzo a las nueve y media de la mañana hemos quedado unos cuantos en el pórtico de la iglesia de San Cristobal. La idea es ir paseando, de excusión, a Errekaleor. Visitar el barrio, no mirar para otro lado, intentar entender. Todo el mundo está invitado a esta excursión. Quizá esos treinta vecinos necesiten, al menos, un gesto.