1.3.10

HERMANAMIENTOS

Angouleme, ciudad levantada a la orilla de un río, con un centro urbano elevado, pero sumergido en la historia. Una ciudad plagada de bellos rincones para perderse, con numerosos lugares dedicados al ocio y a la cultura. Y, de entre ellos, destaca el museo del cómic: el mejor espacio dedicado a este medio que jamás yo haya visto. Uno se siente cómodo en esta ciudad. Y si has nacido en Vitoria, más, pues notarás un aroma familiar en Angouleme, como cuando estando lejos de casa hueles un perfume que tenías grabado en tu memoria. Y es que cuando dos localidades deciden establecer, formalizar, esa especie de “contrato matrimonial” que es el hermanamiento –pues a los hermanos no los elegimos, pero a nuestro compañero o compañera sí- muchas veces es porque éstas entienden que entre ellas existen múltiples paralelismos.
Vitoria y Angouleme son ciudades hermanas: hace 42 años decidieron “formalizar” esa relación y los plenos de los respectivos ayuntamientos resolvieron hermanar a ambas villas. Yo, particularmente, nunca me había parado a reflexionar sobre el significado que tiene un hermanamiento. Si indagamos un poco, descubrimos que el uso de esta práctica se pierde, se difumina en los anales de la historia: ya en la Edad Media los pueblos se hermanaban entre sí para resolver conflictos, para aunar esfuerzos, para solucionar problemas que por sí solas no podían afrontar. Pero es después de la segunda guerra mundial cuando esta práctica entra en auge, de forma profusa, dándose fundamentalmente entre comunidades alemanas y francesas. Y uno se asombra al saber que actualmente casi todas las ciudades y pueblos de ambos países están hermanados con otras comunidades. Y los lazos se ramifican, formando una extensa red de complicidad entre localidades de todo el mundo. Angouleme, por ejemplo, tiene cerca de una decena de ciudades hermanas. O sea: familia numerosa. Y en el caso de España, existen casi un centenar de localidades hermanadas con otras tantas pertenecientes a diversos países del mundo.
Los hermanamientos actualmente tienen un carácter cultural: personas de una ciudad visitan habitualmente a su ciudad hermana. Y se realizan intercambios de todo tipo en materias gastronómicas, artísticas, teatrales, musicales... Una forma de compartir conocimiento utilizando recursos mínimos: normalmente se usan las viviendas de los propios responsables del Comité de hermanamiento para alojar a sus “hermanos”. Porque en la mayoría de las ocasiones existe un Comité de Hermanamiento constituido por los propios ciudadanos que se encarga de establecer ese tipo de encuentros entre ciudades. Y digo “la mayoría” porque en Vitoria no es así. Y es una lástima. Porque hoy más que nunca a nuestros responsables políticos se les llena la boca con palabras como: participación ciudadana, creación de redes horizontales... Vitoria no sólo tendría que conformar su Comité de Hermanamientos, sino que debería hermanarse con más ciudades. Y que la red crezca.