11.7.10

CRIBA

Un amigo estuvo un tiempo ejerciendo de crítico de arte para un periódico. Aguantó un año. Y no porque odiara el“oficio”, sino porque fue perdiendo un buen número de camaradas del mundillo del arte por el camino. Me contaba el amigo que visto lo visto prefería dedicarse a otros menesteres. Para dejar de tener pesadillas en las que se le aparecían los artistas criticados cual fantasmas iracundos revoleteando por encima de su cama. Ahora se dedica a la enseñanza en una universidad. En fin, el abandono del ejercicio de la crítica es una opción. Otra, es dedicarse a escribir “buenas críticas”. Que es lo que la mayoría del sector crítico hace. Y la tercera, la más “jodida”, supone aceptar que es ésta una actividad fundamental para que el mundo avance y mejore.

En esta sociedad se prima, dicen, el “pensamiento crítico” en el individuo. Pero es imposible educarnos en ese tipo de pensamiento–opinando sobre nosotros mismos, o sobre nuestro entorno, a través del análisis personal y la argumentación para discernir entre lo positivo y lo negativo - si no aceptamos ser criticados. Entiendo que a todos nos puede gustar ejercer la crítica, aunque en cambio es posible que nos moleste que se critique alguna actuación nuestra. Pero asumir esas críticas es sano.

Una día una concejala de cultura -después de un artículo mío en el que criticaba su política en materia de cultura-, me dijo “Iñaki, es que es tu trabajo. Y alguien tiene que hacerlo”. Y esa es la realidad: de la misma forma que a un árbitro se le paga por arbitrar, a un crítico se le paga por criticar. No deja de ser una ésta una actividad, un trabajo. Que, en mi caso, termina cuando acabo mi columna semanal.

Mi opción siempre ha sido realizar críticas divulgativas de ciertas actuaciones públicas en materia de cultura. Esas actuaciones pueden provenir de un artista, de un funcionario, de una empresa, de un político... Y el que realiza una actividad pública –la cultura lo es- es susceptible de que ésta sea criticada.

Critica no es sinónimo de ofensa. No se trata de airear públicamente los defectos de nadie. Se critican los actos, los resultados de un trabajo, o el propio proceso de ese trabajo. Pero nunca se critica a la persona. Y eso pocas veces se entiende.

Crítica, proviene del verbo griego “cribar”. Es decir, ser trata de separar de entre varios elementos “los que sirven” y “los que no sirven”. Pero en vez de usar “los agujeros” de la criba, lo que usamos son criterios. Muchas veces se le objeta al crítico que él utiliza sus propios “agujeros”, pero eso no es así: el crítico habla por boca de otros muchos. Usa la criba de los que no tienen voz pública. El crítico sólo le da forma literaria a esa criba. Y la coloca en el foro público. Para que surja el debate. Así que “matar al crítico” es tan absurdo como “matar al mensajero”.