20.9.10

CULTURA INCULTA

Decir que “la televisión es cultura” es de incultos. Porque, por una parte, la televisión es sólo un instrumento, un medio. Y como herramienta comunicativa que es podrá transmitir basura o productos de interés. Y, por otra parte, no olvidemos que bajo el sello “cultura” podemos calificar absolutamente toda actividad humana. Sea de la índole que sea. Es decir: el machismo, “la cultura del botellón”, el racismo…. son cultura. Todos los conocimientos que heredamos de nuestros antepasados, o los que dejaremos en herencia a nuestros hijos, son “cultura”. Otra cuestión es si queremos referirnos a la “Cultura” como todo aquello que nos ayuda a crecer, a desarrollarnos mejor como personas, a dotarnos de libre albedrío, a convertirnos en elementos activos, con capacidad crítica para poder mejorar nuestras vidas y nuestro entorno. A la “Cultura”, con mayúsculas. A esa Cultura que se enseña (o se debe de enseñar) en colegios y universidades. Y a esa “Cultura” que según ordena la Constitución debe de ser promovida y apoyada por nuestras instituciones públicas. Porque es deber del Estado ayudarnos a convertirnos en mejores ciudadanos.
Yo no he visto “Cultura” en el festival de televisión de Vitoria que se desarrolló en Vitoria a finales del mes pasado. He visto culto al espectáculo, promoción de la frivolidad, idolatría a la fama, mucha “alfombra roja”…. He visto a cientos de quinceañeras dando el espectáculo, gritando “tío bueno” al famosete de turno. Es decir, he visto “la calle” convertida en televisión.
Decía nuestra concejala de Cultura que el evento había sido un éxito: los hoteles se habían llenado durante la semana del festival televisivo. No me extraña: 300.000 euros dan para pagar muchas habitaciones a muchos famosillos televisivos. Quizá sea el momento de cerrar el departamento de cultura y abrir un “departamento de hoteles y famosos”. Seamos serios: los objetivos de nuestros departamentos de Cultura tienen que ser culturales. Y en ese sentido se deben apoyar todas aquellas iniciativas culturales de interés público que precisamente necesitan de ayuda para desarrollarse y llegar al ciudadano. Se debe apoyar lo minoritario, lo no popular. Precisamente para que llegue a ser popular y para que llegue a ser mayoritario. Pero apoyar con dinero público destinado a cultura la difusión de series de televisión que cuentan ya con millones de televidentes… eso es un “crimen cultural”. Porque no nos engañemos: los objetivos de las televisiones privadas no son culturales. Son meramente económicos. Las televisiones quieren entretenernos. Y mientras nos tienen entretenidos, y con la ayuda de los anuncios, nos “educan” como consumidores.
"La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural”, sentenciaba hace años Federico Fellini. Pero quizá sea mejor finiquitar esto con una cita de Groucho: "Creo que la televisión es muy educativa. Cuando alguien la enciende me voy a leer un libro”.