3.11.10

ARTE DEPORTIVO

El pasado miércoles llevamos una “elíptica” –una pesada y voluminosa máquina que sirve para correr sin moverse de sitio- a Artium. Previo consentimiento del mencionado museo. Situamos la aparatosa “elíptica” en frente de una obra expuesta en Artium y un amigo mío se subió en ella para hacer ejercicio mientras observaba dicha obra. Gert, fotógrafo de profesión y artífice de dicha obra, inmortalizó el momento con una foto. Foto que ilustrará una libreta que Artium regalará a los visitantes el mes que viene. Mi idea era plasmar la cuestión siguiente: hacer turismo cultural muchas veces se convierte en algo similar a practicar un deporte. El turista llega a un sitio e intenta visitar la máxima cantidad de museos, espacios de interés de ese lugar… en el tiempo mínimo.
En resumen: el miércoles pasado mezclamos arte y deporte en una fotografía. Tenía ganas.
Y es que algo tendrán en común el deporte y el arte cuando desde las políticas culturales generadas por nuestros gobiernos se tiende a empaquetar ambos ámbitos de la cultura bajo un mismo sello: “Ministerio de Educación Cultura y Deportes” (Gobierno español, de Venezuela, Costa Rica…), “Ministerio de Cultura y Deportes “(Gobierno de Guatemala, de Irán…), Departamento de Cultura y Deportes” (presente en la mayoría de los Ayuntamientos y Universidades del mundo). A vista de pájaro podríamos afirmar que arte y deporte son medios universales de comunicación, de expresión, de creación de identidad colectiva, de intercambio cultural entre individuos y sociedades. Medios que traspasan todas las fronteras, ya sean de carácter geopolítico, económico, social... Sin olvidar que arte y deporte sirven para formar a las personas sobre unos valores que las sociedades, digamos avanzadas, consideran fundamentales para la construcción de la ciudanía: esfuerzo, superación personal, autoconfianza, capacidad de interactuar con el entorno, de aunar esfuerzos…
Pero no hay que olvidar que ambos medios de producción cultural sufren una continua devaluación, una pérdida de sus valores más importantes –los que son motores del desarrollo y del avance social- al ser explotados económicamente. Al convertirse en meros espectáculos, en fenómenos de masas, perdiendo así su esencia entre ese entramado de empresas e intereses que se constituyen de este modo sobre la actividad deportiva y artística. Y así muchas veces acaba primando el negocio. Y deportistas y artistas se convierten en meros objetos de producción cuyo propio fin no es otro que la pura rentabilidad económica.
En cualquier caso aún teniendo tanto en común el arte y el deporte en contadas ocasiones ambos ámbitos se mezclan, se interrelacionan, se confrontan juntos en el mundo real. Los casos de hibridación deporte-arte no se suelen dar. El arte mira al deporte, como mucho, buscando cierta inspiración temática a un nivel representativo. Y el deporte asume que ciertos aspectos suyos ya son “per se” artísticos (gimnasia artística, por ejemplo
).