29.1.11

CHIDILLA LEKU

Son malos tiempos para los museos que tienen un claro objetivo de generar beneficios económicos. Porque las pérdidas que muchas veces generan ya no se pueden camuflar con dinero público: estamos en crisis. En definitiva, los museos deberían ser simple y llanamente museos. Y tener fines culturales, didácticos y no empresariales. Resumiendo: ser espacios para mostrar y enseñar arte. Pero en época de “vacas gordas” se apostó por un modelo sobredimensionado, con mucho “tirón mediático” y que atrajera a millones de turistas culturales. Para así –dicen- generar beneficios económicos para las ciudades que apadrinaran ese tipo de estructuras. A ese fenómeno se le llamó “el efecto Gugghenheim”. Pero nunca se hicieron bien las cuentas. Ni se hacen. Este tipo de modelos sólo funcionan cuando las instituciones les inyectan muchísimo dinero. Es imposible que el Guggy funcione hoy sin cantidades ingentes de dinero institucional. Tom Krems, director de la Fundación Guggenheim hasta hace bien poco, en su día se quedó maravillado con la “pasta” que teníamos los vascos para poder acoger su franquicia en Bilbao. Hasta hace poco, sólo para la compra de arte para el Guggy, la Diputación de Bilbao aportaba cerca de tres millones de euros y el Gobierno Vasco otros tantos. En definitiva: es muy difícil saber cuál es el retorno económico de esas inversiones en cultura. Todo depende de quién nos hace las cuentas. Y de cómo.
El Chidilla Leku funcionaba sin apoyo institucional. Y acogió a ochocientos mil visitantes en sus diez años de existencia. Esto es: ochenta mil visitantes al año. Y aún y todo, calculando unos ingresos sólo por la venta de entradas de casi setecientos mil euros al año, es decir cincuenta mil euros al mes, no ha conseguido sobrevivir. Pero claro, es que está en Hernani, y no en el centro de San Sebastian. En fin, no conozco muy bien los detalles financieros del Chidilla Leku, pero está claro que la familia Chillida va a conseguir más beneficios económicos vendiendo la obra de Eduardo Chillida que con este museo un tanto a desmano. Hace unos días diez de las cuarenta esculturas que albergaba el Chidilla Leku, a pocas horas de anunciar el cierre, salían del museo para ser vendidas en importantes galerías del mundo. La familia Chillida, que son muchos, necesita recuperarse de las pérdidas económicas que les ha generado un museo que ellos creían que iba a ser rentable, sostenible.
Pero tanto el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, como la consejera de Cultura, Blanca Urgell, declararon que ya sabían que el cierre era inevitable después de que los Chillida dijeran que ya no podían mantener el recinto por sí solos. Y ambos se mostraban seguros de que Chillida Leku abrirá de nuevo. Pero que la solución pasa por inyectar dinero público al museo. La consejera de Cultura afirmó que hallarán el modo de que Chillida Leku vuelva a abrir y que "cualquier intervención" que se acometa "estará unida al espíritu Chillida que todo el mundo conoce".