15.2.11

PSICÓPATAS

El otro día estuve viendo el galardonado documental “La corporación”. Para que nos entendamos: una corporación es una entidad comercial establecida de acuerdo al marco legal. Es decir, una empresa. La película comienza así: "Hace 150 años, la corporación era una institución insignificante. Hoy es una presencia viva, dramática y persuasiva en todas nuestras vidas. Al igual que la Iglesia, la Monarquía y el Partido Comunista en otros tiempos o lugares, la corporación es hoy la institución dominante.” Y el documental va desgranando los amorales mecanismos que rigen a las grandes corporaciones, viniéndonos a explicar -en resumen- que una gran empresa multinacional puede comportarse como un psicópata, sin sentir ninguna clase de empatía con los seres humanos. Sus fines son únicamente conseguir más y más beneficios para sus accionistas. Y nada más. No les importa dañar el medio ambiente, despedir a miles de trabajadores, producir enfermedades vendiendo productos insanos, explotar a sus trabajadores… Las corporaciones cuando son “pilladas in fraganti” incumpliendo la ley, pagan las millonarias multas pertinentes, pero no aterrizan en la cárcel, obviamente. Nadie puede encarcelar a una empresa. La empresa es una “persona jurídica”, no una “persona física” y amparándose en esa realidad hacen lo que les place sin ningún tipo de control por parte de los gobiernos. Pues la mayoría de ellas son empresas transnacionales que cuentan, además, con un capital superior al producto interior bruto de muchos países.
El documental no está diciendo algo que no sepamos ya, pero explica y desarrolla su tesis de una manera tan efectiva que uno pasa en un “plis plas” de odiar a nuestros representantes políticos a maldecir a viva voz a todas las corporaciones del mundo deseando que éstas pasen a ser controladas por los poderes públicos.
Y estos días estamos escuchando que las cajas de ahorro, golpeadas por la crisis, se van a ver obligas a convertirse en bancos, es decir, en corporaciones. Como todo el mundo sabe, las Cajas de Ahorro son entidades de carácter social. Por ello tienen ciertos beneficios fiscales. Y también por ello sus órganos de gobierno son elegidos por nuestras instituciones públicas. Es decir: existe un control sobre ellas. Y ahora, repito, se habla de convertirlas en bancos.
Las cajas de ahorro están obligadas a invertir buena parte de sus ganancias en obra social y cultural. ¿Qué va a pasar ahora? Muchas instituciones, asociaciones, fundaciones… todas ellas culturales subsisten en buena medida gracias a las Cajas de Ahorro. El futuro, por lo tanto, para los que se dedican a la cultura no es nada halagüeño. Si ya todas las instituciones culturales públicas están sufriendo importantes recortes económicos ahora uno de sus mayores mecenas va a desaparecer. Es fundamental que el Gobierno mueva rápidamente fichas y ponga en marcha una nueva ley de mecenazgo para intentar tapar ese hueco que dejarán las Cajas.