24.2.11

SIN CODIFICAR

Mañana mismo, a las doce “meridien”, podremos ver a dos pesos pesados del cómic alavés pergeñando en directo sendos “cómics en vivo” en la Casa de Cultura de Vitoria. Pues el historietista Ata -afincado en Palma de Mallorca- y Alvarortega -madrileño casi de adopción-, invitados por el Proyecto Amarika y por la Asociación de Cómic Atiza, crearán una página de cómic de gran formato ante el público asistente. Y distribuirán gratuitamente ejemplares de dos monográficos que recientemente se han editado sobre su trabajo, distribuyéndose, además, junto con la revista “TMEO”. Pues ambos dibujantes son también colaboradores habituales de dicha publicación. Una publicación con sede en nuestra ciudad que, por cierto, el año que viene cumple la friolera cifra de veinticinco años de existencia.
El TMEO es un caso atípico en el panorama historietístico nacional: ya no quedan revistas de cómic vivas, de carácter periódico y destinadas a un público adulto. Bueno, habría que matizar que sí existen algunas, pero son de carácter gratuito y sobreviven gracias a la publicidad privada e institucional. Lo que las obliga a ubicarse en el terreno de lo “políticamente correcto”. Y es que el cómic es un medio muy claro, directo, casi transparente, poco codificado. Y sumamente reproducible. Y eso le acarrea ciertas contrariedades. Me explico: el cómic está escrito en un lenguaje muy fácil de entender por el gran público y, además, se distribuye a pie de calle. Por tanto, si en una viñeta, por ejemplo, parodio a un político en concreto y distribuyo esa “obra” por todos los kioscos y librerías del mundo mundial, es muy posible que esa obra se entienda como un ataque al personaje en cuestión y a las ideas que representa. Acuérdense de la portada de la revista “El Jueves” en la que se retrataba al príncipe Felipe y a su mujer. La revista fue “secuestrada” y retirada de los kioscos por un juez. Y eso que en dicha portada no aparecían los nombres de los protagonistas “reales” de la escena. Y sólo eran dibujos, líneas sobre un papel. Ese es el poder del cómic. Es mucho más difícil que algo así suceda con una obra de arte expuesta en un museo. Pues el arte actual no es tan “comprensible” como pueda serlo el cómic. Está más codificado y eso lo protege de ciertos ataques de los poderes públicos que, además, son los que nos enseñan a decodificar dichas obras. Aunque no siempre esto es así. Pues todos conocemos casos en los que la “censura oficial y democrática” ha llegado a retirar obras polémicas de exposiciones financiadas por el poder. Pero todas pasaron previamente los filtros previos de la “autocensura” de los centros de arte y cultura.
Me gustaría ver ciertas obras del cómic nacional de los últimos veinte años expuestas en un museo o centro cultural. Me gustaría ver, por ejemplo, una exposición del TMEO. De esta revista ácrata, atea y apátrida. El año que viene, en su vigesimoquinto aniversario, sería una buena ocasión. Pero eso es “cultura ficción”.