4.3.11

CREATIVIDAD SOCIAL

La creatividad es la capacidad de pergeñar cosas nuevas. Ya sean de naturaleza material (objetos) o inmaterial (ideas). El ser humano disfruta creando, eso es una realidad. Porque llevamos la creatividad en nuestros genes. Aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, pues no se nos educa para ser creativos. Más bien se nos adiestra para todo lo contrario: para insertarnos en la maquinaria, en los engranajes, de la producción y del consumo. Y es una lástima. Porque la creatividad sirve para vivir más plenamente.
Aunque la mayoría de las veces asociamos el concepto “creatividad” con “arte”, y esto es un error. Porque una persona es creativa cuando consigue bucear en su propia mente, alejarse de roles y estereotipos, y convertir su vida en una obra. En ese sentido podríamos afirmar que una sociedad que considere la creatividad como un valor substancial, un valor en sí mismo, sería una sociedad más plural, más crítica, más flexible, más imaginativa y, por tanto, más plena.
Y desde hace unos años, con el ciclo recesivo en el que ha entrado la economía global, se habla mucho de la creatividad aplicada a los procesos económicos. Pero no como fórmula para repensar dicha economía, para hacerla más solidaria, más ecológica, más sostenible, sino como herramienta, como recurso, para asomar la cabeza por encima del bache económico en el que estamos hundidos. Y así la “economía creativa” es ahora mismo el tema obligado a tratar en los consejos directivos de las grandes corporaciones. Se está apostando por crear nuevas culturas empresariales -más creativas, más imaginativas- orientadas al desarrollo de propuestas innovadoras que ayuden a producir y a vender más objetos de consumo. Es decir: la idea es utilizar la creatividad para seguir alimentando a la amoral e insolidaria economía de mercado sin realmente llegar a insuflar aquella en el ADN de nuestra sociedad. Como señala María PTKQ: “los beneficios económicos, materiales y reales no repercuten en esas mismas cuencas creativas sino que se mantienen y se gestionan de manera privada”.
En ese sentido los individuos y colectivos que se dedican actualmente a las prácticas creativas tienen que estar muy atentos para que las empresas no capten y utilicen esa creatividad en su propio beneficio. Y, por otra parte y al mismo tiempo, los agentes creativos deberían aprovechar ese actual acercamiento del mundo empresarial hacia el ámbito de la creación para intentar insuflar algo de cordura, de moral, de alma, al sistema de mercado.
Quizá la mejor manera de incidir en la sociedad desde el arte no sea partiendo de una posición de creador autónomo, de artista, sino desde una esfera que trascienda lo personal. Llámese “creatividad social” o “innovación social”. Porque la realidad es que el arte de los últimos tiempos basado en la creatividad individual no ha conseguido introducir ésta en la sociedad. Más bien lo que ha hecho es convertirla en un producto de compra-venta más.