18.3.11

V.O.S

Ver –oír, sería la palabra- una película en su idioma original es la mejor opción para disfrutar de un filme tal como su autor lo concibió. De la misma manera que leer un libro o un cómic con su texto original es mejor que leerlo traducido. El problema surge cuando una comunidad no entiende el componente idiomático de una obra que ha sido realizada en otra región donde se habla un idioma ajeno. En ese caso hay que realizar una versión de dicha obra y hacerla así comprensible para ese otro contexto idiomático. Con los libros y cómics, la versión se realiza empleando el mismo lenguaje utilizado en la obra original: el escrito. Pero en el caso del cine caben dos posibilidades: doblar a los actores con unas voces que no son las suyas o incorporar unos textos al celuloide respetando sus voces originales. Podríamos decir que con la primera opción la traducción se hace en el mismo lenguaje en la que fue concebida la obra (el oral) y en la segunda opción se traiciona a este introduciendo otro lenguaje: en vez de ver y oír cine ahora vemos, oímos… y leemos cine. Pero –y esto es importante dejarlo claro- en ninguna de las dos opciones interviene el propio autor de la obra. Las dos, por tanto, atentan contra ella. Y es cuestión del espectador elegir una u otra. En ese sentido, y resumiendo mucho, podríamos decir que desde las esferas que se creen más cultas se apoya la fórmula de los subtítulos y desde el ámbito más popular se apoya el doblaje. Hasta el punto que algunos directores y cinéfilos españoles han llegado a plantear al ministerio de cultura que se prohíba el doblaje en este país y que se respete la V.O.S. Las razones esgrimidas, todos las conocemos porque los defensores del subtítulo hablan y escriben mucho sobre ello. Aunque a mí (y a Kubrick también, por poner un ejemplo), no me parece que el subtítulo sea la panacea. Pues si subtitulas insertas un artificio, un "postizo" en la obra audiovisual tanto como si doblas. Un artificio en el que el director no ha colaborado, repito. En el primer caso te pierdes matices visuales; en el segundo caso, sonoros. En el primer caso tienes que resumir los diálogos. Y se pierden cerca de un veinte por ciento ellos en el proceso. En el segundo, introducir voces no originales.
Stanislavskit –el creador del método de interpretación más conocido en el mundo- decía algo así como que para que toda ficción funcione el espectador tiene que sacrificar cierto grado delo que habitualmente piensa que es creíble. Es decir: tiene que creer que los actores no son actores sino personas, que esa proyección -o esa actuación- son algo real... Toma la ficción por algo real, resumiendo. Y en ese sentido a algunos espectadores les resulta más fácil creer lo que ven si escuchan a los actores en su lengua original. Otros, en cambio, no consiguen “meterse” en la película si tienen que leer. Resumiendo: la cuestión es elegir la opción que te permita vivir la película con más intensidad.