30.4.11

EJECUTOR, EJECUTADO.

Dos obras que pueden visitarse estos días en Vitoria –en sendas exposiciones- involucran intensamente al espectador invitándole a realizar una acción tan sencilla como es el hecho de sentarse en ellas. Por una parte, en la Casa de Cultura una instalación de la artista Miriam Isasi recrea -abstrayéndolo mucho- el escenario que ha utilizado siempre la banda terrorista ETA para leer sus comunicados. Por otra parte, el artista Guillen Bayo ha situado en Artium un remedo de silla eléctrica dentro de la exposición “Video(s)torias”. El visitante se sienta en ella mientras una proyección videográfica que simula descargas eléctricas se abate sobre él. Y un espejo posibilita que pueda verse así mismo siendo virtualmente ejecutado.
En ambas obras el público se convierte en obra. Y en cómplice de un suceso que necesita de una contextualización previa, de una aporte de conocimiento externo, para que la obra tenga sentido; pues ninguna de esas dos obras funciona como tal si el espectador previamente no viene equipado con cierto saber: en un caso sobre el fenómeno de ETA; en otro, sobre el empleo de la silla eléctrica como medio de ejecución “Made in Usa”.

Ambas obras abordan un tema tabú: el asesinato. En la obra de Isasi, el asesinato terrorista. En la de Bayo, el homicidio a manos del estado estadounidense. Pero hay diferencias: en la obra de Isasi –si te sientas en ella- mutas por un momento en asesino; en la de Bayo,
en asesinado.
En ambas obras hay una condensación de sentido, y una liberación de algo reprimido. Y un sentimiento de estar realizando algo prohibido al integrarte en ellas.

La obra de Guillen convierte una ejecución en atracción de feria. Pero superando al referente. Recordemos que la ejecución pública de personas ha sido muchas veces un espectáculo ejemplizante y –valga la redundancia- público. Y mejora al terrible referente porque el propio “ajusticiado” puede verse a sí mismo mientras es ejecutado. Obviamente este suceso real nunca podría darse en una ejecución real. Por eso el acto de sentarse en esa silla, desata en el espectador cierto humor negro.

En todo humor hay una condensación de sentido, un plus de información que queda implícita y no explícitamente expresada. Y a veces este “salto conceptual” se resuelve como risa. Pues la risa es un síntoma espontáneo de comprensión, un "he entendido tanto y tan rápido que sólo puedo reaccionar histéricamente”. Eso es la risa: una reacción histérica.
En este sentido algunas obras de arte se acercan a la idea de chiste. Pero la obra de arte no suele tener excesiva gracia. No suele provocar la carcajada. Porque en el chiste hay, además, una situación de comicidad que se puede definir como liberación inesperada de algo
reprimido (“El chiste y su relación con el inconsciente”, Freud).

El ser humano crea chistes verdes, chistes machistas, chistes sobre la muerte… Todos ellos, incompatibles con el pensamiento “políticamente correcto”.