19.6.11

CIRCO

Del movimiento social 15M han acabado germinando una serie de lúcidos manifiestos sobre políticas culturales. Leyéndolos uno se reafirma en la idea de que el mundo de la creación –la creación “de base”, no aquella que promueve un arte elitista producido por unos pocos y para unos pocos-, y el mundo de la cultura institucional se han divorciado hace años. Porque desde esta última se apuesta por rentabilizar económicamente cualquier inversión cultural tirando del recurso “espectáculo”. Se quiere tener al ciudadano lobotomizado con tanto entretenimiento: a falta de “pan” doble ración de circo. Por el contrario, el sector creativo “de base” desea que las inversiones en materia de cultura generen lo que es lógico que tienen que generar: conocimiento, capital cultural, social… Y así desde la acampada de Barcelona se dice que las administraciones culturales son gestoras de recursos, no sus propietarias”. Y que “es la cultura la que crea políticas culturales”, y que, por tanto, la cultura no está al servicio de la administración si no al revés. En ese sentido se insta a las administraciones para que abandonen las políticas cimentadas en el espectáculo y para que apoyen “a las prácticas culturales que se dedican a la exploración, a la producción colectiva, al fomento de la participación y del auto-aprendizaje”. También lanzan propuestas concretas. Por ejemplo: exigir a las empresas culturales que reciben subvenciones públicas que devuelvan “valor social añadido” a la sociedad, compartiendo públicamente los resultados. O esta otra: aprovechar las infrastructuras en desuso (teatros, locales, cines y locales sin uso) emprendiendo políticas de sostenibilidad de materiales. Por ejemplo: creando almacenes públicos donde puedan guardarse aquellos materiales (escenografías, montajes expositivos, equipos técnicos) que son habitualmente tirados o destruidos. Los almacenes constituirían un fondo de material para creadores y productores independientes.

Y desde la acampada de Valencia, llueven también interesantes aportaciones. Verbigracia: que se apoye un modelo cultural diverso que siendo sostenible económicamente permita y facilite una regeneración del tejido cultural a todos los niveles y que favorezca la participación ciudadana. O esta otra: eliminar las líneas de subvención de capital público a empresas privadas cuyo objetivo es el beneficio económico (bancos, cajas, fundaciones y obras benéficas).

La cultura en estos tiempos de crisis acelera su mutación en mercancía. Y son los propios gestores públicos los que aprietan el acelerador. El mismo Departamento de Cultura del Gobierno de Catalunya acaba de redactar una ley en la que queda al descubierto su ideario: la cultura o es industria cultural o no es nada. La pregunta entonces es: si la cultura es sólo industria…. ¿porque se alimenta con recursos propios del mundo de la cultura? ¿Este tipo de políticas no deberían costearse desde los departamentos de industria, promoción económica…?