28.9.11

NECROLÓGICAS

Todos tenemos que tener muy presente que las labores que corresponden a las administraciones públicas con competencias en el ámbito cultural -todo ello recogido en nuestra constitución desde la transición democrática- son, entre otras, las de velar por la diversidad cultural y promover el desarrollo cultural de la ciudadanía. Asimismo deben de garantizar para la ciudanía su acceso a la cultura y preservar su acervo cultural. Pero todo esto –desde hace años- no se cumple. La cultura ya no es un derecho recogido en nuestro ordenamiento jurídico, sino un recurso. Un recurso utilizado para entretener a los ciudadanos, atraer turistas culturales, etc. Y así desde el gobierno central se están planteando eliminar el Ministerio de Cultura. Decía la semana pasada que lo peor de esta crisis está provocando que el capital subyugue a la cultura. Y así artistas, colectivos, intelectuales, escritores, músicos… que se habían encargado históricamente de mantener encendida la llama de la cultura, simplemente desaparecen, invisibilizados por esas instituciones que deberían encargarse de promocionar e incentivar su labor pero que no lo hacen, pues su mensaje es claro: no necesitamos artistas, necesitamos empresas culturales que pongan en marcha rutas culturales, organicen eventos mediáticos, etc. La inminente eliminación del Ministerio de Cultura supone, de facto, la muerte de la cultura entendida como ese terreno desde dónde se puede reflexionar, criticar, evolucionar… Y ahora, oportunamente, se utiliza la crisis económica como pretexto para poner en marcha esta cruzada contra la cultura. Cuando todos sabemos que los presupuestos que manejan los departamentos de cultura de nuestras instituciones son irrisorios. Y Vitoria, con la eliminación del Departamento de Cultura del Ayuntamiento, con el desmantelamiento de Krea, etc. está sufriendo ese proceso de “muerte cultural” de una manera más traumática que en otras comunidades. Porque Vitoria estaba en una situación privilegiada, ilusionante, hace tan solo un par de años. Lo teníamos todo. Y ahora vemos que con la coartada de la crisis proyectos culturales que pueden aportar a nuestra comunidad grandes valores son abolidos mientras se habilitan líneas de actuación que tienen más que ver con el espectáculo y el entretenimiento. Y así el centro cultural Krea, que suponía una apuesta por la modernización de la idea de la cultura de nuestra caja de ahorros, no se va a inaugurar. Cuando ese espacio podría haberse puesto en marcha entre diversos agentes, sumando esfuerzos. Con un gobierno vasco interesado en poner en nuestra ciudad su proyecto “Fábricas de la cultura”, un Artium interesado en disponer de espacios en los que poder alojar artistas foráneos y un colectivo de artistas –la Asamblea Amarika- dispuestos a colaborar en todo aquello que abone el tejido cultural de la ciudad, hubiera sido posible un proyecto como Krea aún en tiempos de crisis.