28.9.11

SUPERMAL

Decir que el ámbito de la cultura –y del arte, sobre todo- lo está pasando canutas, no es decir gran cosa, pues todos sabemos que en tiempos de crisis son más importantes los platos de alubias que el arte. Pero también es verdad que detrás de este también hay fríjoles: existen unos trabajadores, incluso una industria… Por lo tanto, de la misma manera que se apoya a otros sectores productivos para que no se hundan, habría que aplicar la misma receta a la cultura y el arte. 397.600 personas trabajan en este ámbito aportando al PIB más o menos como el sector agrario (3%). Pero estas son las cifras de la industria cultural. Porque una cosa es la cultura –que debe de ser apoyada aunque no genere riqueza económica, pues ya genera riqueza cultural- y otra la industria cultural.

El arte agoniza: desde el sector privado, los artistas lo tienen difícil y desde el público, los museos, centros de arte no tienen pelas para contar con ellos como antes. Pues en tiempos de bonanza se crearon muchas infraestructuras culturales, se contrató a mucha gente para atenderlas y eso –parece ser- es intocable. Por lo tanto los recortes perjudican sobre todo a la base de la pirámide del arte: a los propios artistas. Y la solución que se plantea es que todo arte, toda cultura, se convierta en industria. Tendríamos, por ejemplo y por lo tanto, que eliminar a los poetas. Pues participan bien poco en engordar el PIB. Y un inserto: lo perverso de esta crisis es que no está obligando a convertir la cultura en mero producto. El capitalismo ha vencido a la cultura por KO.

En una radio local escuchaba el otro día hablar a un responsable cultural. Se le preguntaba si Vitoria está muerta culturalmente. Respondía que no, que en Vitoria hay mucha oferta cultural. El entrevistador matizaba que esa oferta se trae de fuera. Y ahí se estableció un diálogo que evidenciaba la distancia que existe entre la cultura institucional y la que se genera en la calle. Porque la entrevistada declaraba: si se llama a artistas foráneos es porque son mejores que los de aquí. Como si todo fuera una cuestión de calidad de productos. En cualquier caso, si es así, habría que preguntarse por qué pasa eso. ¿Quizá porque no se incentiva la creación local? ¿O es que los artistas alaveses son malos por herencia genética? Una ciudad es rica culturalmente cuando produce y exporta cultura. No cuando la importa. Y si no es así, es que algo falla. En muchísimas capitales se apoya lo local ¿Y aquí? Simplemente se discrimina. Por muchas razones. Sobre todo por esnobismo.

Es responsabilidad de nuestros políticos que Vitoria genere cultura. ¿Para qué tenemos entonces departamentos de cultura? ¿Sólo para programar espectáculos divertidos como si la ciudad fuera una gran televisión? Nuestro tejido cultural lleva años mermando. De seguir así los propios departamentos de cultura van a tener que encargarse de producir arte, cultura, pues no habrá ya artistas a los que apoyar.