1.10.11

3 AÑOS

El proyecto Amarika cumple estos días tres años. Nos referimos a ese proyecto de gestión ciudadana de varias salas expositivas de la diputación Foral de Álava. Un proyecto que en su día fue calificado por el Observatorio Vasco de Cultura como un modelo ejemplar de gestión cultural, por su carácter participativo, abierto e innovador: detrás de dicho proyecto existe una asamblea Amarika a la que cualquier persona preocupada por la cultura de nuestro territorio puede sumarse. Una fórmula que permite que la ciudanía pueda gestionar directamente una pequeña parcela del espacio político de su ciudad. En ese sentido Amarika es un proyecto que ha demostrado ser eficaz. Por eso ha sido invitado a presentar su modelo en múltiples espacios culturales del Estado. Pero es este un proyecto que últimamente, desde hace unos meses, parece atascado: la postura por parte de la Diputación hacia el Proyecto Amarika es dubitativa, pues el Proyecto parece que lo han paralizado. Síntoma de ello es su escasa actividad. ¿Será por la crisis? Curiosamente la iniciativa ha visto disminuir su presupuesto año tras año hasta quedarse en la mitad. Para que nos hagamos una idea: la Asamblea Amárica ha estado gestionando tres salas con aproximadamente la mitad de presupuesto con el que contaba una sola de ellas –la sala Amárica- hace diez años. Tendríamos que preguntarnos por qué ciertos proyectos no sufren recortes –o éstos son mínimos- por la crisis. Y porque otros –quizá los más culturales, participativos, críticos y propositivos, los que aportan otras visiones- sí. Existe un peligro a la vista: con la excusa de la crisis ahora mismo nuestras instituciones pueden dar carpetazo a todo aquello que no comulgue con sus objetivos. Porque para poner en marcha festivales, ferias de vino, mercados medievales, para que la gente se divierta –cuestión que es necesaria, obviamente- sí que hay presupuesto. Habría que buscar un espacio intermedio, ¿no? Una de cal y otra de arena. Porque de seguir así nos vamos a volver una comunidad mucho más frívola y barbarizada de la que ya somos. El proyecto Amarika supone, además, la materialización del compromiso de la diputación con el arte local. Si este desaparece, lo lógico es que esa responsabilidad de la institución con lo local aunque mutara, se mantuviera. Habilitando una serie de políticas que sirvieran para abonar nuestra cultura. Obviamente la comunidad de artistas tendría que velar para que eso sucediera. Pero el Proyecto Amarika sigue coleando: este fin de semana la fotógrafa -nacida en Vitoria y residente en Madrid- Ana Nieto va ocupar la sala Amárica todo el fin de semana. Para explicar su obra a todo aquel que quiera acercarse a dicha sala. Dentro de una iniciativa que se llama “Hospitalarios”. No es una exposición, ni una charla, ni un taller, ni una visita guiada. Es una mixtura de todo ello. Un nuevo formato para acercarse al arte de manos del Proyecto Amarika.