8.10.11

FERRER

Normalmente no suelo utilizar este espacio para hablar de una exposición de arte o para explicar la obra de un artista en concreto. Pues siempre me ha interesado más departir sobre políticas culturales cercanas. En definitiva: me parece más relevante hablar sobre todo aquello que planea por encima de la cultura y del arte y que influye en su propia concepción. Y asumo esa tarea con la ingenua instancia de intentar incidir un poquito en las políticas culturales de nuestro territorio. Intentándolo en vano, habría que matizar, pues creo que el mundo de la cultura y el de la política se han divorciado hace años. Un fenómeno que no el local, sino global. Y que es síntoma del propio declive de nuestro sistema social. Antes la cultura, el pensamiento, incluso el arte, conformaban un sustrato sólido sobre el que crecía el pensamiento político. Pero hoy queda claro que eso ya no es así. Los intereses de los políticos son otros. Más preocupados por asuntos de índole económica. Y más allá del dinero, del suyo, del de su partido, del de las empresas amigas, y -si éste alcanza- del de los ciudadanos, parece que nada más les importa. Crear riqueza cultural no les interesa. Que un ciudadano no pueda comprarse un coche es un gran motivo de preocupación, pero que este no se haya leído un libro en su vida, es algo que no merece la pena tomar en consideración. Y así andan ahora nuestros políticos, pensando en eliminar el Ministerio de Cultura para ahorrarse el chocolate del loro. Y esa pata de la tríada de la que nos sentíamos tan orgullosos los europeos (cultura, sanidad, educación) se derrumba tan a marchas forzadas como las otras dos. Pero ahora, haciendo una excepción, quiero hablar de una artista y de una exposición: hoy a las cinco y media de la tarde, en Artium, la veterana artista nacida en San Sebastián en 1937 -y Premio Nacional de las Artes- Esther Ferrer realizará una performance como preludio a su exposición “En cuatro movimientos”. Esther es conocida mundialmente por sus performances, principal forma de expresión de su trabajo desde 1965. De hecho, está considerada como la primera performer española. Para el que no lo sepa, una performance es una acción que se realiza en directo -como el teatro o la danza- y que se basa en la espontaneidad y en la improvisación, pretendiendo provocar en el público una respuesta. Es un “arte de acción”, en definitiva. Un arte en el que el cuerpo de la persona que lo realiza se constituye en herramienta de trabajo, de expresión, de comunicación. Vivir de las performances es muy difícil, pues no deja de ser un arte inmaterial y por lo tanto imposible de vender. Por eso, Esther estuvo muchos años trabajando como traductora mientras realizada su labor artística. Y sólo desde hace unos años puede vivir del arte. Quizá por esa inmaterialidad y por ese empeño en suscitar reacciones en el público de una manera tan directa, salvaje, me interesa mucho el trabajo de esta artista.