22.12.11

SOS


El mundo de la cultura se viene abajo. Ayer mismo, por ejemplo, recibía un mail de un grupo de teatro -con sede en Vitoria- que bajaba la persiana. Obviamente la gente no paga ya por ir al teatro. Y las instituciones públicas menguan su oferta cultural. Constatándose que éstas no han hecho bien su trabajo durante años de bonanza. Pues han acostumbrado al público a acceder a la cultura de una manera gratuita. O casi. Sin pasar por taquilla. Se ha promocionado la cultura de lo “gratis”. Desde luego, no han conseguido inculcar en la sociedad un gusto, amor, por la cultura. Y, sobre todo, por la cultura próxima, cercana. Más bien lo que han promovido es el acceso gratuito al espectáculo. A los fuegos artificiales. Así que el público entiende que ahora la fiesta se ha acabado. “Estamos en crisis y no quiero acudir a fiestas de pago”, piensan.
Y ahora sin apoyo público -ni privado porque nadie lo ha incentivado- vemos como ese sustrato cultural del que estábamos en el “primer mundo” tan orgullosos desaparece bajo nuestros pies. Y las miles de personas en este país que reciben un salario público por su trabajo en este ámbito, ¿qué hacen? Parece ser que lo único que les preocupa son los recortes presupuestarios que sufren sus departamentos, museos. Pero “la tijera” por ahora, sólo se abate sobre las actividades que programan, en primer lugar. Y, después, sobre todas esas empresas externas que trabajan para ellos: fotógrafos, diseñadores, montadores de exposiciones… La consigna es clara: “hacer más con menos”. Lo que supone rebajar las honorarios de las personas con las que dichas infraestructuras trabajan: artistas, fundamentalmente. Y así la crisis se está cebando sobre esos trabajadores de la cultura que no ocupan despacho en una institución pública. Obviamente los recortes deberían dividirse proporcionalmente. Se deberían de adelgazar los salarios de los altos y medios cargos de la cultura pública. Se debería así intentar hacer sostenible el ecosistema cultural. ¿Cuál es el salario de un director de museo? ¿Cuatro mil, cinco mil euros al mes? ¿Y de un subdirector? ¿Y del jefe de departamento de prensa? ¿Y de el de marketing? ¿Y del responsable de didáctica? ¿Y del director de la biblioteca del museo? ¿Y el director económico? Los trabajadores públicos de la cultura deberían solidarizarse con ese mundo de la cultura externo al ámbito institucional. Pues últimamente me llegan mails de bajadas de persianas de empresas, asociaciones culturales, grupos de teatro, danza… pero no me llegan mails de restructuraciones de plantillas institucionales. ¿Por qué no trabajan para reclamar públicamente una ley de mecenazgo eficaz que anime a empresas, ciudadanos a invertir dinero en cultura?  Sin una buena ley -ya que desde lo público no parece que se haga nada- estamos, hablando en plata, bien jodidos. Hay que apostar por reanimar el mecenazgo privado. Un mecenazgo que se fue debilitando según iba ocupando el público su lugar en épocas de bonanza.