27.1.12

FILANTROPÍA



El Ministerio de Cultura de España que se creó en la Legislatura Constituyente en julio de 1977 ha desaparecido. Cosa que ya ocurrió entre 1996 y 2004 bajo los gobiernos de José María Aznar. Pero el nuevo ministro de Educación, Cultura y Deportes ha querido despejar las "suspicacias y recelos" respecto a la combinación del departamento de Cultura con el de Educación afirmando que "la cartera de Cultura no ha desaparecido". Por otra parte ha señalado que una de sus prioridades es una nueva regulación de la Ley de Mecenazgo. Esperemos que así sea, porque llevamos décadas esperando una ley de mecenazgo eficaz. Francia, por ejemplo, dedica el 1,1% del presupuesto estatal a la cultura porque la considera una cuestión de Estado. Desde 2003, además, entró en vigor una ley de mecenazgo que ha permitido modular una red de agentes privados -a cambio de beneficios fiscales- por todo el país que refuerzan el proyecto de fomento y protección de la cultura del Gobierno francés. Pero claro, no se puede tirar siempre de la zanahoria de la desgravación para implicar a individuos y empresas en el mecenazgo. En los países anglosajones existe una mentalidad que por estos lares no abunda: la persona que gana dinero siente una necesidad de devolver a la sociedad parte de lo que la sociedad le ha ayudado a generar. Filantropía, esa es la base de todo mecenazgo. Pues se considera como tal a todas aquellas aportaciones de dinero, bienes o servicios que realiza una empresa o un particular de forma altruista. Pese a que suelen confundirse, hay una diferencia muy clara entre el mecenazgo y el patrocinio. En el patrocinio la empresa asocia su imagen de marca o sus productos a un fin, sea éste cultural, científico o social. Por ejemplo: costeo una exposición pero aparece mi sello bien grande en todo el material impreso. Pues bien: en este país mecenazgo y patrocinio tienen el mismo trato fiscal. Cuestión que habría que resolver de manera urgente. En ese sentido nuestra ley de mecenazgo tendría que se similar a la de los países europeos que están primera línea en cuestiones de filantropía privada.
Pero el filántropo no nace, se hace.  A través de la educación, de la cultura. Pues muchas veces no es cuestión de “tener”, sino de “querer” y “saber”.
Y todos podemos ser mecenas a través de sistemas como el “crowdfunding”. El término crowdfunding (de crowd, multitud y funding, financiación) designa la financiación de un proyecto, a menudo de tipo cultural, mediante micropagos realizados por particulares que deciden apoyar la iniciativa para hacer posible su realización. En 2009, por ejemplo, nace la web Kickstarter, una plataforma web que reúne diversos proyectos creativos que cualquier usuario puede apoyar a cambio de recompensas no dinerarias. En diciembre de 2010 nacen en España Lanzanos7 y Verkami plataformas que adaptan el modelo de Kickstarter y lo ponen a disposición de los creadores de este país. 2012 puede ser un buen año para aprender a ser mecenas.