17.5.12

CUMPLEAÑOS INFELIZ

Artium cumple diez años. Todo un logro. Para una persona el hecho de cumplir diez primaveras no tiene mucho mérito, pero para un museo de arte contemporáneo, tal como está hoy en día el mundo de la cultura, poder soplar diez velas no es asunto baladí.

Un museo de arte contemporáneo envejece mucho más rápido que un individuo, es obvio. Y así, de la misma forma que podemos calcular -en términos humanos- que un año de la vida de un gato equivale a cinco años de la de un “homo sapiens”, podríamos llegar a preguntarnos: ¿a cuántos años humanos equivale la vida de Artium? ¿Treinta, cuarenta…? Especulemos un poco con esta hipótesis. Fantaseemos sobre la edad real de Artium. Divaguemos. Verbigracia: un síntoma constatable de que una persona envejece es que ésta, poco a poco, va perdiendo amigos por el camino. Algunos por enfermedad, otros por accidente, unos cuantos por el propio proceso de envejecimiento. Y así, al cumplir –por ejemplo- ochenta años más de la mitad de nuestros camaradas habrán fallecido ya. Pero vayamos avanzando, vayamos cumpliendo años: si sobrepasamos la edad de noventa años puede que nos quedemos con cero amigos. Entendiendo como amigos a todos aquellos a los que tomándolos como a nuestros iguales elegimos en su día –y nos eligieron- para mantener una estrecha relación personal. Compañeros de esta aventura que es la vida, resumiendo. Ahí entra en juego la simpatía, el respeto, la afinidad personal… Pues bien: Artium ha perdido muchos “amigos” por el camino. El año pasado “fallecieron por homicidio” el “Proyecto Amarika” y Krea. Y Montehermoso… está hospitalizado tras sufrir un “atropello”, convaleciente, con un ochenta por ciento de reducción en su presupuesto.

Podríamos decir, por lo tanto, que Artium actualmente puede tener como noventa primaveras humanas. Es decir: un año de Artium puede equivaler, más o menos, a nueve de nuestros años.

Artium cumple años. Diez velas en su tarta que acaba de soplar. ¿Pero a qué amigos va a invitar para compartir tan singular momento? Desde luego no podrá compartir el pastel cumpleañero con sus amigos, pues estos –reiteramos- los ha perdido por el camino. Y no es culpa suya, no. Sino de todos aquellos que no se han preocupado por la salud de la cultura de nuestra ciudad. Nuestros responsables políticos no han estado a la altura de las circunstancias. Los “padres de la cultura” quisieron tener familia numerosa, amamantar y criar a unos cuantos hijos, pero ahora sólo queda vivo el hermano mayor. A los otros los han ahogado en un río cual cachorros de gatos desdeñados. Y, ahora, desaparecida Amarika y Krea más con un Montehermoso moribundo, sólo queda vivo el primogénito. Una única infraestructura cultural en Álava relevante y con visos de poder cumplir más añitos. ¿Es motivo este de celebración? No lo creo. Más bien es motivo para ponerse a llorar. A llorar por todos aquellos “amigos” que hemos visto fallecer en estos últimos meses.