1.5.12

"GASTO FILIA"


El vitoriano restaurante Zaldiarán ha acogido estos días la XIII edición del Congreso Nacional de la Cocina de Autor. Un congreso por el que han pasado las más grandes estrellas internacionales del arte culinario. El presupuesto para la cita del Zaldiaran se ha reducido en esta edición en un 35%. Pese a sufrir este importante tijeretazo, la actividad se ha llevado cerca de 350.000 euros de nuestras arcas públicas. Un dinero destinado, según declaran el colectivo vitoriano “Cocina de guerrilla”, a “que las grandes referencias de la cocina mundial visiten nuestra ciudad y así puedan dar a probar sus últimas creaciones a nuestros gobernantes y gente de bien que tienen el privilegio de ser invitados o de poder pagar las módicas tarifas (…). El Congreso impulsado por el Zaldiaran resulta inalcanzable para cualquier vitoriano. Cada cubierto cuesta 180 euros, y sólo los políticos e invitados pueden disfrutar de las últimas creaciones”. Y hay que añadir que el Congreso de este año es más elitista que nunca, pues se ha eliminado –la culpa será de “la tijera”- la “jornada popular”, que otros años tenía lugar en la calle pudiéndose así ser disfrutada por la ciudadanía.
Y partiendo de esta reflexión crítica sobre el evento culinario que ha tenido lugar en el Zaldiaran, esta semana se ha desarrollado en Vitoria “Gastrofilia”, unas jornadas gastronómicas alternativas promovidas por jóvenes restauradores alaveses, entre los que no han podido faltar el propio colectivo “Cocina de guerrilla”. Los organizadores de “Gastrofilia” han buscado la participación de la ciudadanía y el intercambio de experiencias y de conocimientos entre asistentes y cocineros, sin abandonar la  teórica y la práctica gastronómica. Todo ello sin ayuda de las instituciones públicas. Entre otras actividades, se han desarrollado un proyecto de horticultura comunitaria, un taller de cocina solar y una charla denominada “Creatividad en la merienda”.
Desde “Gastrofilia” explican también en que el apoyo a la presente edición del Congreso Nacional de la Cocina de Autor con 350.000 euros choca con otras medidas que se han tomado desde el Consistorio, como la suspensión de los cursos de Alimentación y Salud. Unos cursos por los que pasaban docenas de vitorianos y que fueron eliminados sin muchas explicaciones.
El mensaje de “Gastrofilia” es claro: la alimentación es algo más que un negocio. Es un arte. Un arte popular, cercano, que tiene que estar al alcance de todos y no sólo de unos pocos privilegiados. Están hablando, por tanto, desde la gastronomía, de promover una cultura activa; con la innovación, participación,  sostenibilidad como ingredientes fundamentales.
Y los privilegiados comensales que pudieron pagar los 180 euros que costó el festín de arte culinario en el Zaldiaran alargaron el ágape hasta las seis y media de la tarde. La comilona se cerró con los aplausos de los asistentes. Yo, en cambio, aplaudo a todos aquellos que han participado en “Gastrofilia”.