16.6.12

IMPROBABLES


No todo en el arte son centros expositivos, número de visitantes, obras vendidas, subastas, galerías de arte, turismo cultural, tiendas de recuerdos de museos… Existen otras maneras de abordar el arte: verbigracia, a través de proyectos que se apartan de esos caminos –más bien autopistas- tan trilladas para descubrir nuevos senderos. Proyectos que se mueven entre bambalinas, que no buscan “salir en la foto”, que se cocinan a fuego lento desde el mundo de la creación. Proyecto de los que casi no se habla: no suelen ocupar las páginas de las secciones culturales –o de sociedad- de los periódicos, no mueven masas. Pero son proyectos innovadores, imaginativos, que aportan mucho a nuestra sociedad, que circulan por terrenos fronterizos para incidir en múltiples problemáticas de diverso índole –social, económica…- ofreciendo pistas, ideas, soluciones. Proyectos que transforman nuestra sociedad, en definitiva –aunque muchas veces no nos demos cuenta- incidiendo en ella por ósmosis, por filtración, gota a gota. Alejándose del impacto mediático, del espectáculo… de ese camino tan concurrido últimamente por la cultura.
Imagínense que una empresa, entidad, colectivo… tiene un problema, un reto, y no sabe cómo abordarlo. E imaginen que entonces aparece un artista que ofrece su tiempo y creatividad en aras de resolverlo. Estamos  hablando de fusionar dos mundos muy distintos: el empresarial y el artístico. De poner en contacto dos ámbitos lejanos para agitar esa nueva mezcla y ver qué sucede. Y estaríamos hablando de algo que ya existe: de un proyecto llamado  “Conexiones improbables”.
Conexiones improbables está gestionada por la entidad vasca c2+i creada para impulsar procesos creativos y nuevos ámbitos de relación entre la economía, la cultura y las organizaciones sociales. Sus proyectos, según comentan sus promotores “siempre parten de las necesidades de las organizaciones, y desde ‘Improbables’ actuamos de mediadores y dinamizadores de todo el proceso de colaboración” y son capaces de generar “un contexto de alto valor añadido tanto para los creadores y los pensadores como para las empresas y organizaciones públicas y sociales participantes”.
La mirada del artista -como muchas veces se ha dicho y repetido hasta la saciedad- es como la mirada de un niño: ingenua, fresca e imaginativa. Y de la misma forma que muchas veces no escuchamos las voces de los niños, también obramos del mismo modo con los artistas. Y ahí nos equivocamos, pues lo artistas son capaces de innovar, de arrojar nuevas ideas, de ver –y hacer- las cosas de otra manera.
Hay que asumir que en esta época de crisis que nos está tocando sufrir, la innovación es el camino a seguir. Por ello las empresas, las instituciones, los colectivos, para repensarse ante esta paupérrima situación, necesitan abrirse a otras disciplinas como el arte. Resumiendo: invertir en proyectos como “Conexiones improbables” es, hoy en día, más necesario que nunca.