16.7.12

AGUADAS

“Aguar la fiesta”, se suele decir cuando alguien estropea un momento de diversión, del alegría… En este caso, con la suspensión de las fiestas del Casco Viejo organizadas desde hace treinta años por Gasteiz-Txiki, más el peligro de que otros barrios de Vitoria no puedan celebrar sus festejos como otros años- por falta de un apoyo institucional en condiciones- podríamos hablar de que no están “aguando las fiestas”; en plural: se están aguando, sí. La realidad en estos momentos de crisis, es que los barrios no tienen dinero suficiente para poner en marcha sus festejos: el Ayuntamiento ha "endurecido" las bases para acceder a estas ayudas. Los barrios tienen que adelantar pasta que no poseen y esperar a recibir un dinero que el Consistorio tampoco puede concretar en cuánto se estima. El Ayuntamiento responde a los barrios conminándoles a que pidan un crédito bancario. Bonito panorama. Hasta el momento, a pesar de las protestas contra el nuevo “modus operandi” del Consistorio, los barrios de Judizmendi, Abetxuko y Arana han mantenido su programa recortando de aquí y de allá. Buscándose la vida como buenamente pueden, en definitiva. La política siempre se ha movido por la máxima “Pan y circo”, pero ahora falla el pan y también falla parte del circo.

En cualquier caso, siempre hay espacio para otras maneras de pensar, de hacer. Siempre hay un espacio para la disidencia: “Zaharraz Harro”, las fiestas populares y reivindicativas del Casco Viejo de Vitoria-Gasteiz, comienza a calentar motores. Zaharraz Harro es una iniciativa vecinal y popular (unas fiestas populares desde el barrio y para el barrio) que celebra este año su cuarta edición. La iniciativa tiene lugar entre el 25 de junio y el 1 de julio y se organiza con recursos propios, sin ayudas institucionales. Su lema es: “porque queremos demostrar, una vez más, que juntándonos somos capaces de hacer cualquier cosa”. Y declaran en su blog (zaharrazharro.wordpress.com) que “muchas veces organizando se disfruta por lo menos tanto como durante las propias fiestas… eso sin contar con el ambientillo que se forma en estas reuniones”.

Pero se abren ciertos interrogantes: ¿s
i las instituciones que se han creado para gestionar nuestros recursos nos abandonan, el futuro es la autogestión, dónde queda nuestra corresponsabilidad como ciudadanos, nuestra participación, si no intentamos incidir en cómo se gasta el dinero público? ¿Tenemos que dejar de reclamar recursos que son de la ciudadanía –y no de los políticos- para poner en marcha ciertas iniciativas populares, ciudadanas? Si es así, ¿dónde queda la democracia participativa? ¿No tenemos derecho a demandar parte de la gestión de ese dinero público para poner en marcha actuaciones que consideramos importantes para la sociedad? ¿El querer organizarnos fuera de la órbita institucional no es una constatación de que dichas instituciones no funcionan? Micrófono abierto, para responder a estas preguntas.