2.10.12

BALUARTE

Después del verano, nos enteramos de que el proyecto Gauekoak, ha sido borrado del mapa. Se acabó este proyecto municipal de ocio nocturno “para jóvenes gestionado por jóvenes”. Después de doce años de existencia, desaparece. También tenemos noticias de que se aproximan más recortes para nuestro museo Artium. Paradójicamente, en un momento en el que hay más parados que nunca y sería perentorio fortalecer los espacios de cultura y de ocio para que estos ciudadanos -condenados a disponer de más tiempo libre- pudieran seguir formándose, educándose, de una manera positiva y no se deslizasen por los senderos de fútil escapismo, vemos cómo se está actuando precisamente dirección contraria. Pero hay más: posiblemente los cursos que se imparten en los Centros Cívicos, después de este primer trimestre, suban su precio, cambien de formato…

Puede que ciertos sectores aplaudan estas medidas: son tiempos de crisis y la cultura, el ocio, pueden parecer, a primera vista, un lujo innecesario. Pero la cuestión es que con estos recortes los espacios de oportunidad para los jóvenes, para los artistas, para las industrias de la cultura… menguan. Es decir: estos tijeretazos generan más paro. Por no hablar de que estos ámbitos están muy relacionados con las industrias del turismo cultural. Industrias que están creciendo por estos lares. Pero si nuestras ciudades merman su oferta en el ámbito cultural, los turistas dejarán de estar tan interesados en visitarnos. Pues precisamente nos visitan por nuestra riqueza cultural.

Finalmente, y yendo ya al meollo del asunto, todos los recortes –sean en el ámbito social, cultural, etc. -se destinan a pagar la deuda soberana. Y no hay mucho más que hablar: la pasta de los recortes se evapora en la sartén ardiente de la banca y no se desplaza hacia sectores desfavorecidos. De seguir así, con estos recortes en cultura, el acceso a ella –o al ocio- será sólo para las clases pudientes. Y las clases medias, aparte de empobrecerse económicamente, se empobrecerán culturalmente. En resumen: tendremos ciudadanos más pobres y más incultos.

¿Todo son noticias negativas? No todas. Estos días podemos ver como la revista TMEO, uno de los baluartes del humor gráfico nacional, crece. Ahora mismo, en estos momentos, el último número de la ácrata publicación se ha distribuyendo, además de por su canal habitual, por los kioscos de Euskadi y Nafarroa y tiendas Elkar. Han aumentado tirada, puntos de distribución y número de páginas. Parece ser que en tiempos de crisis el humor es más necesario que nunca. Siempre que esté cargado de cierta dosis de crítica social.

¿Cómo una publicación gestionada por una asamblea de dibujantes puede sobrevivir durante veinticinco años y gozar todavía de una salud excelente? La respuesta es sencilla: porque conectan con la ciudadanía, porque no han perdido la conexión con la calle, con la realidad. Y porque gozan de una gran independencia ideológica y económica