28.1.13

NECESARIOS

La mayoría de la gente cuando habla de cultura habla de consumo cultural. ¡Cómo si la cultura fuera algo a consumir! O como si la vida fuera algo a consumir. La cultura hay que vivirla, no consumirla. La cultura nos tiene que ayudar a vivir más, mejor, de una manera más intensa y no a impulsarnos en la dirección contraria, evadiéndonos con ella de la vida. Pero la mayoría de la gente lo que busca en ella es precisamente eso: escaparse, olvidarse… Luego piensan que todo lo que no les entretenga, todo lo que no les divierta, lo que no se acerque al espectáculo, no es buena cultura. Y cuando en un museo ven una obra que no entienden, la rechazan, no la valoran. La expulsan como un cuerpo extraño. Y piensan que los museos deberían de programar arte popular, entendible, amable, fácilmente digerible… Gran error. La buena cultura demanda mentes abiertas, gente que se deje llevar, que quiera interrogarse, husmear… investigar. La buena cultura nos reclama cierto esfuerzo, mucha curiosidad, cuantiosa predisposición y grandes dosis de capacidad de exploración. Pero, a cambio, nos recompensa de numerosas maneras: nos muestra realidades insospechadas, nos abre los sentidos, nos emociona, conmueve… incluso puede hacernos ver nuestra existencia desde otra perspectiva. O la sociedad en la que vivimos. Bucear en las aguas de la cultura tiene su recompensa. La cultura nos abre puertas. Quizá no todas las puertas abiertas nos sirvan, pero algunas de ellas sí. ¿No merece la pena, por lo tanto, el esfuerzo?

En estos durísimos tiempos de crisis económica, las visitas a los museos están aumentando. Esto es un nuevo fenómeno. Obviamente hay mucha gente en paro y, también, mucha gente con un poder adquisitivo menguado, pues acercarse al arte, no es caro. Y el turismo de cercanía, de escapadas de fin de semana, también influye en este aumento de visitas. Y, por otra parte, como hablábamos en líneas anteriores, tienes la sensación de que estás empleando tu tiempo en algo positivo para tu persona.

Pero los continuos recortes en materia de cultura están haciendo tambalearse a la mayoría de las infraestructuras museísticas. Y todo se está llevando a cabo de una manera muy precipitada, improvisando. Bajando persianas, cerrando espacios… Se eliminan salas expositivas, proyectos… sin ningún tipo de rigor, estudios previos de las consecuencias culturales, económicas, sociales que causan dichos cierres. Y se nombran a nuevos directores con cierto perfil político para realizar labores profundas de limpieza. Tan profundas que acaban con el propio proyecto museístico. Centros culturales, museos, acaban así convertidos en cadáveres. Cadáveres humeantes que difícilmente resucitarán. Todos sabemos que es muy fácil destruir y muy complejo, lento, construir.

Y sí, la mejor manera que tenemos de defender los centros culturales, museos, es acudiendo a ellos, y demostrando de esta manera que son más necesarios que nunca.