6.4.13

DIVERGENTE

Educación y cultura van siempre cogidas de la mano. Para bien y para mal. Y así la cultura de la ciudadanía, de los políticos, de los empresarios… –que también son ciudadanos, todo hay que decirlo- es producto de la educación que han, que hemos, recibido. Pero lo curioso es la paupérrima cultura educativa que tenemos. Y, también, los escasos recursos que se invierten en investigación educativa. Por no hablar de la escasez de modelos educativos de los que disponemos. Y así, es una realidad un tanto paradójica que de algo tan importante como es la educación, pues marca el futuro de la gente, de las sociedades, sepamos tan poco. Nadie habla de educación en sus conversaciones cotidianas. Nadie se pelea por invitar a educadores a sus fiestas. La educación es un tema relevante, interesante, pero que no interesa a la mayoría de la sociedad: no suele ser tema de debate ni en el ámbito privado ni en el público.

Como señala el educador Ken Robinson -experto en asuntos relacionados con la creatividad y la enseñanza- la educación que ahora se imparte se basa en obsoletos modelos que surgen durante la revolución industrial. Se prepara a los jóvenes para el trabajo, utilizando casi idéntica metodología que la empleada en la organización de las fábricas victorianas: sectores de trabajo bien delimitados, divisiones específicas de las materias y alumnos, toques de timbre para diferenciar los cambios de materia… Y en un mundo en el que vivimos, en constante fluir, cambiante siempre, que muta cada pocos años, estos anticuados modelos ya no nos sirven. Modelos basados en un aprendizaje jerárquico, dirigista y competitivo. ¿Y por qué no se abandonan? ¿No hay otras maneras de enseñar? Resulta muy interesante oír las charlas, conferencias, de Robinson, de este experto en enseñanza, que están disponibles por doquier en internet. Pues nos aportan muchas pistas. Este educador apuesta por habilitar modelos más creativos. De lo que se trataría es de incentivar el pensamiento divergente: ante un problema la persona tiene que ser capaz de innovar y de buscar múltiples soluciones. En detrimento del pensamiento convergente, unidimensional: ante un problema sólo aportamos una solución. Es por eso que Robinson es un defensor acérrimo de la creatividad y del arte en la enseñanza, pues paradójicamente el individuo va perdiendo creatividad a medida que va avanzando dentro de los actuales sistemas educativos y de lo que se trataría es de insuflar un pensamiento más crítico, más plástico, que dote a los jóvenes de capacidad para adaptarse a los cambios venideros. Por otra parte los actuales modelos educativos dividen a los alumnos por edades, sin fijarse en las capacidades individuales de cada individuo. Los talentos se desaprovechan así. De lo que se trataría es de detectar los talentos de los alumnos y reforzarlos, incentivarlos, abonarlos. Todo un reto. Pero es un bonito reto que puede cambiar el modelo de nuestra cultura y de nuestra sociedad.