27.8.13

HUMOR

Es sabido que las personas que tienen un mayor sentido del humor tienen más desarrollada el área del cerebro correspondiente a la creatividad –el lado derecho-, ya que necesitan encarnar los personajes que crean, meterse en la historia que cuentan y que, de pronto, cambia en el último momento para crear así un absurdo, un gag. Un humorista, por ejemplo, está creando de manera continua los chistes para hacernos reír. Así que el humor tiene mucho que ver con la creatividad, con el arte. Pero en los museos no solemos ver exposiciones en el que el componente irónico, humorístico produzca risa, aparte de la necesaria reflexión. Quizá porque equivocadamente se piense que sólo lo serio, lo grave, puede ser considerado arte. Confundimos seriedad con profundidad y el humor con lo leve, ligero. Obviamente no todo lo chistoso es arte. Una buena obra tiene que contener algo más que humor para funcionar correctamente. Cuando visionamos, por ejemplo, “Con faldas y a lo loco” o el “Apartamento” del cineasta Billy Wilder nos morimos de risa, pero después de esa “muerte” –o durante ella- muchos somos lo que pasamos a reflexionar sobre lo que hemos visto descubriendo otros valores de interés. El humor sirve así para engrasar la reflexión y que ésta penetre en nuestro cerebro más fácilmente. Y, en el caso de estos ejemplos, podemos percibir la gran carga de crítica social que rezuman ambas películas. Y por ello, por constituirse en ácidas radiografías de nuestra sociedad de consumo, por poner en entredicho muchas de los pensamientos establecidos, ambos filmes pueden ser hoy en día considerados como dos grandes obras del séptimo arte. Aunque, obviamente, muchísimas personas al ver estas dos películas no traspasarán esa primera capa humorística que las envuelve. Tenemos que tener en cuenta que mayoría de las buenas obras están constituidas por capas. Las primeras son las más visibles, pero no por ello son las más nutritivas. Una buena obra es como una fruta, hay que pelarla para poder acceder a sus partes más jugosas, aunque, en principio, nos atraiga, nos seduzca el color y textura de su piel.

Es una lástima que la cultura, el arte, la música… que rezuma humor sea mirada con cierta reticencia, suspicacia. En el buen humor, hay mucha inteligencia. Hay una condensación de sentido, un plus de información que queda implícita y no explícitamente expresada. Y a veces eso no expresado pero entendido se resuelve como risa. Pues la risa es un síntoma espontáneo de comprensión, un "he entendido tanto y tan rápido que sólo puedo reaccionar histéricamente”.
El humor nos sirve a todos como una válvula interna de seguridad, permitiéndonos liberar tensiones, olvidar las preocupaciones, relajarnos un poco y, en definitiva, reflexionar con fluidez. Pues si éste humor se combina con arte y conocimiento, el producto resultante nos hace disfrutar mientras descubrimos algo sobre la complejidad del mundo que nos rodea.