21.12.13

VIPHOTO

Mañana, en Amárica, se inaugura la segunda edición de Viphoto. Viphoto es una feria en la que fotógrafos vascos exponen y venden sus fotos al público. La selección se realiza a través de una convocatoria lanzada por la Sociedad Fotográfica Alavesa. Esto es: hay unas bases y un jurado. Lo que los organizadores intentan conseguir, según explican en sus bases, es “…derribar las barreras de accesibilidad que existen para la venta de Fotografía, proponiendo un evento donde cada fotógrafo/a expositor/a, artista o grupo fotográfico tenga su propio espacio en contacto directo con el público. VIPHOTO busca generar un acercamiento entre las personas con inquietudes artísticas (pero que no acostumbran a visitar galerías) y las prácticas artísticas contemporáneas, especialmente de jóvenes emergentes. También, propiciar nuevos vínculos entre artistas y público. De esta forma, se facilita la formación de redes que permitirían materializar nuevos proyectos a lo largo del año. VIPHOTO busca ser un espacio relajado y cálido donde ofrecer objetos artísticos originales a precios accesibles, con la intención de promover el consumo de arte, facilitando la producción local y su puesta en valor en nuestro entorno”. Interesante propuesta, por tanto.

El lema que hay impreso en sus bases lo han acuñado casando dos preguntas: “¿Artista? ¿Fotógrafo?” Me llama la atención este lema. Porque da pie a reflexionar sobre “la madre del cordero”. Esto es: qué entendemos hoy en día por arte. Es obvio que el medio en el que alguien trabaja (pintura, fotografía, escultura, instalaciones, performances…) no legitima que algo sea arte. Pero me parece curioso que muchos que eligen la fotografía como vehículo de expresión aún, hoy en día, se planteen si son o no artistas. Quizá su duda emerja de su modo de trabajo: son muchos los fotógrafos que realizan trabajos comerciales que compaginan con otros más personales, considerando estos últimos como más dotados de artisticidad. Quizá éstos crean que enmarcando una foto, exponiéndola, poniéndola un precio, convierten su trabajo en arte. Cuando lo único que están haciendo es copiar ciertos funcionamientos extraídos del mundo del arte comercial. Esto es un error. Pues existen, por ejemplo, multitud de fotógrafos, como es el caso de los fotorreporteros, que son apreciados simplemente por hacer fotos. Algunos de ellos han muerto persiguiendo una foto arriesgada. Su obsesión por captar, por ofrecernos una realidad que de ninguna otra manera hubiésemos podido nosotros contemplar, incluso por denunciar ciertas situaciones, es encomiable. Da igual que esa fotografía sea o no considerada socialmente como arte. Y, desde luego, da igual que esa fotografía esté enmarcada o no, que se exponga o no en una galería y que tenga o no un precio de venta al público. Podríamos decir que son obras que están por encima del arte comercial. Por eso mismo son buen arte. O buena fotografía. Que es lo mismo.