21.1.14

IN... ÚTIL

«¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria […] ¡Y en un momento como éste, ante un peligro tal, se piensan en atacar, mutilar, socavar todas estas instituciones que tienen como objetivo expreso perseguir, compartir, destruir la ignorancia!» Aunque estas palabras puedan sonar tristemente actuales, la realidad es que fueron pronunciadas hace ya más de treinta lustros. En 1848. Por Victor Hugo. Ante la Asamblea Constitucional de Francia, el escritor de “Los miserables” lanza un discurso en el que ataca los recortes practicados a los presupuestos culturales. «Afirmo, señores, que la reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista. Insignificantes desde el punto de vista financiero. Esto es una evidencia tal que apenas me atrevo a someter a la asamblea el resultado del cálculo proporcional que he realizado […] ¿Qué pensarían, señores, de un particular que, disfrutando de unos ingresos de 1.500 francos, dedicara cada año a su desarrollo intelectual una suma muy modesta: 5 francos, y, un día de reforma, quisiera ahorrar a costa de su inteligencia seis céntimos?», explica Hugo a los ministros franceses. Y concluye sentenciando: «Han caído ustedes en un error deplorable. Han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es gloria.»

La tesis de Hugo parece ahora reencarnarse en el manifiesto “La inutilidad de lo inútil” escrito por el filósofo y profesor de literatura Nuccio Ordine. Es este un necesario ensayo – disponible ahora mismo en librerías y bibliotecas- que arremete contra un pueblo adormecido. Un pueblo que sólo entiende “lo útil” en clave de dinero. Y contra una clase política que promueve deliberadamente la ignorancia, constituyéndose en correa de transmisión del capitalismo más voraz. El indignado Nuccio Ordine arma en este libro una defensa del conocimiento, del saber, desmontando ese ideario materialista que parece ya formar ya parte de nuestro ADN. “La gente piensa que la felicidad es un producto del dinero. ¡Se engañan”, dice el filósofo. Y continúa explicando: “Llevo 24 años como profesor intentando convencer a mis alumnos de que no se viene a la universidad a obtener un diploma, sino a intentar se mejores, esto es, aprender a razonar de manera autónoma”. Ordine, en el fondo, no está diciendo nada nuevo. Sólo está proclamando lo que la gran mayoría de personas amantes del saber y de la cultura pensamos.


Y finalicemos esta columna con Víctor Hugo: "Un mal moral, un mal moral profundo nos trabaja y atormenta. Yo quiero ardiente y apasionadamente el pan del obrero, el pan del trabajador, que es mi hermano. Pero junto al pan de vida quiero el pan del pensamiento, que es también el pan de vida. Quiero multiplicar el pan del espíritu como el pan del cuerpo".