21.2.14

VENTAS

En un pasado reciente, en esta ciudad, uno podía visitar exposiciones de artistas cercanos, en las diversas salas institucio- nales dedicadas en ocasiones al arte más próximo. Pero últimamente, con la bajada de persianas de algunas de ellas y los recortes presupuestarios en otras, lo que antes era intermitente –pues el provincialismo de esta ciudad es tal que siempre se ha apostado por exponer a artistas locales exteriores antes que a los interiores- ahora ya es un milagro. Así que para poder contemplar lo que se cuece en materia artística en Vitoria, tenemos que visitar sociedades gastronómicas, tiendas, bares, cafeterías, centros cívicos... Todos ellos espacios que no están correctamente habilitados para enseñar cierto tipo de arte. Me refiero al arte de colgar, al arte objetual. Sea pintura, fotografía, dibujo… Incluso obra tridimensional. Es obvio que donde existe una pared, se puede hacer un agujero, introducir en él un taco y una escarpia y colgar así un cuadro. Pero también es obvio que el mejor espacio para poder ver una obra en buenas condiciones no es un bar o una tienda. Falla la iluminación, la decoración interfiere en su visionado, hay ruido por todas partes: ruido visual y ruido ambiental. Es de juzgado de guardia que a nuestras instituciones esta chunga situación en la que está sumergido en estos momentos el arte local se la sople. Porque, de verdad, para exponer lo cercano con dignidad no hacen falta grandes presupuestos. Ni medianos. Pero claro, todo esto va más allá del dinero. Faltan ganas, voluntad. Y, es una lástima. Porque esta desgana institucional está afectando hasta a la propia calidad de los proyectos de nuestros artistas. Y no hablo de dar de comer a los artistas, de que vivan a cuenta de las instituciones comprando sus obras, otorgándoles una beca o subvencionándoles ciertos trabajos (eso ahora mismo es ciencia ficción es nuestra ciudad), sino de que ni siquiera ahora tienen la posibilidad de poder mostrar su obra con dignidad.
Hoy he visitado la exposición de A.F.C. (Mincho) en el Corte Inglés titulada “Paisajes en venta”. Mincho es un virtuoso dibujante. Quizá el más virtuoso dibujante de esta ciudad. Y un excelente acuarelista. En esta exposición presenta diez pinturas, diez paisajes. Paisajes imaginados que surgen de su universo mental. Pero también paisajes de calidad bastante irregular. Los paisajes son inconexos entre sí, con lo que el conjunto resulta confuso. En la muestra hay una pieza excelente, otra buena y el resto, flojas. Es obvio que cuando uno expone en un espacio no demasiado atrayente, por tratarse de una cafetería fundamentalmente, el hecho de exponer se convierte en un reto sin muchos alicientes. El trabajo se resiente. El artista no ofrece lo mejor de sí mismo. Aunque si su preocupación, la del artista, atendiendo a la ironía del título, estriba en el hecho de vender, apuesto a que estas alturas todas las piezas están vendidas. Pero… ¿el éxito de una exposición radica en las ventas?