11.3.14

150 GR.


Ayer pudimos asistir -en el Mercado Gorbea-Zaldiaran (Gorbea, 38)- a la iniciativa “150 gr.”, un micro-festival que presenta trabajos escénicos breves e innovadores en espacios que no suelen ser los típicos, los habituales, pues normalmente éstos suelen desarrollarse en salas de espectáculos, en teatros… Es decir: en espacios arquitectónicos especialmente construidos para albergar espectáculos en vivo. 
Y así, bajo este peculiar formato, “150 gr.” presenta ante el público trabajos pertenecientes a los diversos ámbitos de las artes vivas y efímeras: (teatro, danza, performance, clown, títeres, o narración). ¿El “leifmotiv”de esta actividad?: dar visibilidad al trabajo de artistas escénicos jóvenes o emergentes en los ámbitos regional y estatal. Y, como objetivo más específico, en esta ocasión la idea es la de reactivar el pequeño comercio a través de intervenciones de carácter artístico. Es esta una actividad que cuenta con el apoyo de Fábricas de Creación del Gobierno Vasco y la colaboración del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y del Diario de Noticias de Álava. Y que ha sido coordinado por Pez Limbo y Factoría de Fuegos.

Y hace casi un año surgió el colectivo de artistas plásticos “Art ¡Eh!”, cuyo objetivo principal era, y es, “la búsqueda y utilización de nuevos espacios donde acercar la obra artística, con el convencimiento que a través de otras formas de comunicación, se puede establecer y acercar un modelo de dialogo, capaz de relacionar al espectador con el acto artístico, involucrándolo mediante la integración de este a su día a día.”

Parece ser, por lo tanto, que el mundo de la creación cercana busca con afán nuevos canales de difusión de sus propuestas. ¿Por qué? La razón es evidente: porque los departamentos de cultura no están dando respuesta en materia de producción, exposición y difusión a las necesidades del mundo de la creación.
Intervenir, realizar actividades, en espacios no habituales, es siempre interesante. Se desacraliza el arte, se acerca a un público reacio a aproximarse a los un tanto serios y formales canales institucionales. Pero este hecho tiene que ser el resultado de una elección por parte de los creadores y no pasar a ser el único camino que éstos pueden recorrer. Pues si el arte tiene que desplegarse en espacios no habilitados especialmente para su muestra, difusión, lo que se está produciendo es un fenómeno de marginalización. Es decir: se aparta al arte de un espacio que le es propio en una sociedad culta, progresista y avanzada. Y lo curioso, paradójico y perverso es que las estructuras institucionales siguen apoyando -tirando de talonario- las grandes citas, los grandes eventos, los grandes espectáculos mientras recortan más y más recursos a sus propios espacios habilitados para difundir, promocionar, el arte y la cultura. Y ofrecen unas monedas, unas limosnas, para las iniciativas cercanas que se desarrollan al margen de dichos espacios.