3.4.14

SOMBRAS

Los que creen que el arte tiene que ser bello, amable se equivocan. Pues la historia del arte está plagada de obras desagradables, trágicas, tormentosas, que reflejan el lado oscuro de nuestra alma. Acordémonos de “El retrato de Dorian Gray”, la novela de Oscar Wilde. Dorian es un joven de la alta aristocracia al que un amigo pintor le realiza un retrato. Y ante éste implora internamente un deseo: mantenerse joven y hermoso como en el cuadro. El deseo se cumple, pero sin embargo, Dorian comienza a corromperse, sumergiéndose en una vida amoral llena de perversiones. Mas los estragos de esa vida amoral no se reflejan en su persona: se muestran en su retrato. En el cuadro su rostro va envejeciendo, deformándose mientras él sigue conservando una juventud impoluta. Oscar Wilde nos presenta así con esta novela una intensa conexión entre el alma de una persona y el arte. Como si una pintura pudiera sustituir al espíritu de alguien. Como si el arte tuviera ese mágico poder de transmutarnos, atrapando a través suyo nuestra sombra. Y de esa forma liberarnos de ella. Siglos atrás, en el año 1.500, “El Bosco” realizaba “El jardín de las delicias”. Una obra compuesta por tres paneles que muestran escenas del jardín del Edén en su lado izquierdo, el jardín de las delicias en el centro y el infierno a la derecha. El panel central refleja un escenario de locura, plagado de todo tipo de personajes, animales, escenas obscenas… Es un falso paraíso regido por la sensualidad y la promiscuidad. Y el derecho es un panel oscuro, tétrico. Es el infierno. El Bosco, con esta misteriosa y oscura obra, quiso reflejar, sobre todo, los vicios del ser humano.

En 1819, un huraño Goya de 71 años, perseguido por la Inquisición, sin amigos, casi sordo, se retira a una finca situada a las afueras de Madrid: la “Quinta del sordo”. Ahí realiza una serie de pinturas grotescas, brutales, feas, pintadas con colores sombríos sobre las paredes de la hacienda. Los temas - brujería, aquelarres- plasman la condición interior humana más sórdida. Al final Goya no lega un total de 14 obras conocidas por “pinturas negras”.

Ejemplos de un arte tormentoso que refleja la angustia de la existencia humana hay miles: Edward Munch en 1893 realiza la desgarrada pintura titulada “El grito; "Sólo un loco pudo haberlo pintado", escribió el artista en el reverso del cuadro. En 1961 el pintor Francis Bacon pergeña una espeluznante versión de una obra de Velázquez: un retrato de Inocencio X. El Papa aparece retratado gritando de angustia y horror.

Y no hay que irse muy lejos para presentar más ejemplos: el otro día ojeé un catálogo del artista afincado en Vitoria Gustavo Almarcha. Caras con gestos desencajados pintadas de manera gestual, expresionista. Rostros enérgicos con muecas encrespadas, bocas muy abiertas, ojos apretados. En estas pinturas no hay espacio para el adorno, para la amabilidad. Almarcha: un pintor que es un “rara avis” en nuestra ciudad, alejado de modas y tendencias.