10.5.14

TURISMO

Por Semana Santa nuestra ciudad recibe cerca de cinco mil turistas. El año pasado hubo un incremento de un tres por ciento respecto al anterior ¿Son muchos? ¿Son pocos? Por poner un ejemplo cercano Logroño acoge la misma cantidad de turistas. Y Donosti, por poner otro, el doble.

Hubo un tiempo en que en esta ciudad nos congratulábamos por estar entre las cinco ciudades con mejor calidad de vida del Estado. Y con eso nos bastaba. No queríamos visitantes. ¿Para qué? Mejor ser un paraíso desconocido. Como la recóndita cala de una playa. Vitoria era una ciudad donde se vivía bien. Se investigaba, se creaba, se innovaba. Y se trabaja: en los años setenta la ciudad vivía prácticamente de la industria (casi el setenta por ciento de la población) pero a partir de los ochenta se volcó en el sector de servicios. Y ahora, en estos últimos años, desde lo público se está apostando por convertir a nuestra ciudad en un atrayente destino turístico que genere ingresos. Pero evaluar los dividendos generados por el turismo es una tarea compleja. Aquí y en cualquier región del mundo. Pongamos el ejemplo de un restaurante que en nuestra ciudad sirva comida y bebida a los turistas durante las vacaciones de Semana Santa. Pero, claro, no deja de atender también a los residentes. ¿Cómo sabemos el gasto del foráneo? ¿Cómo sabemos si los residentes que no se han ido de vacaciones fuera de la ciudad están haciendo más gasto en él? En definitiva: ¿Cómo podemos computar con rigor el gasto que efectúa un turista en nuestra ciudad?

Económicamente el empleo turístico aporta ingresos a una comunidad, pero también propicia que las personas abandonen los sectores tradicionales de generación de riqueza económica. Por otra parte nuestras instituciones, en ese ánimo de atraer turistas, insuflan recursos económicos (como ha sido el caso de la “Green Capital”, el bicentenario de la Batalla de Vitoria o “La capitalidad gastronómica”) que pergeñan un turismo ficticio, pero cuando estos ingresos desaparecen, la tasa turística vuelve a su estado normal. El globo funciona mientras se le insufla aire. Por no hablar del desigual reparto de los beneficios generados: solo las zonas más pintorescas se benefician de la llegada de los turistas a una ciudad. Y ciertos hosteleros. La cuestión es que si hay inversión pública, ¿no deberían repartirse los beneficios de una manera más equitativa? Verbigracia: si los turistas visitan nuestro Casco Viejo, ¿cómo es posible que, todavía –por poner un ejemplo- muchas viviendas de esta zona histórica no dispongan de un simple baño? El turismo debería de servir para elevar la calidad de vida de los residentes. Pero esto no es así.

Y si hablamos desde una óptica cultural –pues la "cultura" es uno de los principales valores del turismo- el turismo trivializa la cultura: le extrae su significado para convertirla en un producto de mercadotecnia que pueda ser fácilmente digerida por un visitante que lo que desea es descanso y diversión.