3.7.14

BINGO

En mis dos columnas anteriores hablaba del Círculo Vitoriano. De cómo se creó hace siglo y medio impulsado por un espíritu liberal, progresista, laico…. Conformado por gente amante de las ciencias y de las artes. El Círculo –salvando las distancias- funcionaba como un espacio cultural de nuestros días que influyó positivamente en la vida cultural de Gasteiz, propiciando que muchos proyectos de ciudad se hicieran realidad. Proyectos, actuaciones, que convirtieron a Vitoria en una villa avanzada para su época.

En el Círculo, como en las logias masónicas, estaba prohibido hablar de política y religión. Aunque no consta por ningún lado que esta institución privada estuviera influenciada por la masonería, son muchas las coincidencias en objetivos y maneras de actuar (filantropía, búsqueda del desarrollo social, laicismo…) como para descartemos del todo dicho vínculo.

La apuesta de esta entidad por generar pensamiento en nuestra ciudad se empezó a esfumar con la llegada del régimen franquista. A partir de entonces los objetivos culturales, sociales, científicos del Círculo pasan a la trastienda. Y así, éste, se convierte en un organismo más vinculado a los actos sociales: fiestas, juego, ocio... Lo recreativo pasa a primer término y su sede, trasladada a la céntrica calle Dato, se convierte en un espacio elitista en el que la gente más acomodada de la ciudad se deja ver: empresarios, políticos, militares.. La enciclopedia Auñamendi señala al respecto: “El siguiente período, hasta los años sesenta y setenta del pasado siglo, fue de estabilidad, pero nuevos cambios sociales, con una notable mejora de las condiciones de vida, iban a torcer, de nuevo, los derroteros del Círculo. La influencia de la televisión, la generalización del automóvil, y la creciente libertad de costumbres, alejaban a la juventud de las sociedades de recreo tradicionales (…) Los fondos conseguidos, permitieron mejorar el local de Dato, que se convirtió en cafetería, y construir unos nuevos edificios interiores para dar alojamiento a la biblioteca, a la sala de actos, a las de juego, a un comedor y a una gran sala de fiestas, donde al fin se instaló un bingo; se clausuró al modificarse la legislación reguladora de este juego. No obstante, ni esta renovación de locales, ni los intentos para atraer nuevos socios durante las décadas siguientes, evitaron la reducción del número de afiliados. Las deudas fueron en aumento y, en los noventa, la directiva dio un cambio, tras analizar cuáles debieran ser los objetivos del Círculo. Se convino en reactivar los de índole cultural, que estaban prácticamente olvidados, y en permitir la entrada en la cafetería del público no socio, para que la Sociedad pudiera autofinanciarse.”

Recuperar el espíritu del Círculo de sus comienzos reactualizándolo, trayéndolo al presente, sería un interesante reto para esta institución. Sus socios podrían aprovechar la ocasión de este 150 aniversario para generar un debate interno sobre ello.