8.1.15

RAPSODAS

Tenemos compañeros de viaje que, a largo de la historia, nos acompañan desde hace tanto tiempo que dilucidar desde cuándo están con nosotros nos resulta una tarea imposible. Es el caso de los poetas. ¿Acaso podemos datar la creación del primer verso?
Antes de la existencia de la escritura, la poesía era un medio oral de transmisión de conocimientos. La información se legaba de una generación a la siguiente, de padres a hijos. Y para facilitar esta tarea de memorización, de comunicación y de que los mensajes no mutaran con el correr de los tiempos se establecían ciertas fórmulas. Acompañar lo transmitido con ritmo, con música –una canción, por ejemplo- o que las frases rimaran entre sí facilitaba el recuerdo de los mensajes. Como también dotarlos de carga emotiva, pues algo insuflado de emoción deja un registro hondo en nuestra memoria. Y estos trucos mnemotécnicos también se legaban, formando parte de una herencia compartida. De esa manera los cantores podían utilizarlos para crear nuevas historias que transmitir. Una poesía, por lo tanto, no dejaba de ser un instrumento pensado para que una civilización analfabeta recordara su pasado.
Aunque no podemos poner fecha al primer poema, sí podemos datar su primer registro: unas inscripciones jeroglíficas egipcias del año 2.600 A.C. Son canciones.  Canciones de las que desconocemos su música.
Pero la palabra “poesía” surge mucho después, en Grecia. Hablamos de mil años antes de Cristo. Allí nace la figura del rapsoda: pregonero ambulante que recitaba  poemas. Poemas que no eran de su propio cuño. Dictaban en ferias, en fiestas populares… y cobraban por su trabajo. Los llamados  “aedos” también entonaban versos pero a diferencia de los rapsodas, éstos estaban escritos por ellos. Además los rapsodas no acompañaban su labor con música como los “aedos”: solo sostenían un bastón en la mano -el “rapdos”- para marcar el ritmo del poema. Y los hacían sin cantos: únicamente modulaban los versos. Homero –que escribió la Odisea y la Ilíada, obras que no dejan de ser poemas- es el primer rapsoda conocido, pues no sabemos si realmente son trabajos originales suyos. Hablamos del siglo VIII antes de Cristo.
Más tarde, siglo a siglo, paulatinamente la poesía se va liberando de esa carga que tuvo en sus inicios como transmisora de memoria colectiva. Se convierte en arte autónomo. En un medio para transmitir sentimientos, emociones que intenta superar los límites del lenguaje. Pero hoy en día sigue conviviendo con la música, pues los cantantes actuales son los descendientes de los “aedos”. También la poesía funciona textualmente como género literario. Y los rapsodas continúan recitando versos, no ya de Homero, sino de poetas más actuales. Lo hacen en bares, teatros, auditorios… y en museos. Por poner un ejemplo cercano, este miércoles pasado la rapsoda Patricia Furlong recitó varios poemas en Artium como actividad enmarcada en la muestra “El desarreglo”. Eso sí, sin la ayuda de un “rapdos”.