26.2.15

HARD

Este domingo finaliza la exposición “Hard”, que se inauguró hace un mes en el C.C. Montehemoso. Un centro que ha visto menguar, estos últimos tres años, su presupuesto hasta extremos alarmantes: de contar con dos millones de euros anuales en tiempos del anterior director –Xabier Arakistain- este centro dispone actualmente de sesenta mil euros. Con estos dineros es imposible poner en marcha una línea de publicaciones que documente y contextualice las exposiciones que se desarrollan en dicho espacio. Tampoco se puede pagar unos mínimos honorarios por su trabajo a los artistas o comisarios que producen las exposiciones. En fin, una situación paupérrima ésta que evidencia el desinterés de nuestro Consistorio en materia de un arte y una cultura que no es mero espectáculo o que no tiene que ver con el turismo: se está manteniendo un centro cultural con la mitad de lo que nos cuesta, por ejemplo, el Festival de Televisión. El ayuntamiento aporta para dicho evento –un evento que dura seis días, 180.000 euros. Y, en cambio, se mantiene un centro cultural en funcionamiento durante un año con un tercio de esa cuantía. Es ésta una situación muy “Hard”: la de los centros culturales y artistas de esta ciudad.
Pero volvamos a “Hard”, la exposición. Hard no es una ortodoxa retrospectiva del artista afincando en Vitoria Gustavo Almarcha. No es una mera muestra de obras realizadas por este pintor a lo largo de su vida. Ni tan siquiera las obras que podemos ver en esta exposición se exhiben en orden cronológico. En “Hard” no existe un vector temporal que nos guíe. Pero, en cambio, existe un hilo conductor retrospectivo. Un consistente hilo compuesto de un duro componente -“Hard”- más sólido que la materia: el tormento. Y así una sensación pesada de desasosiego hilvana la visualmente heterogénea obra de Almarcha. Ese hilo ha sido extraído a corte de bisturí e injertado en esta exposición. Y así, obras de diferentes etapas del artista, realizadas durante un periodo de treinta años conviven entre sí, agrupándose en pequeños montajes de varias pinturas, dibujos, componiendo una suerte de mosaicos narrativos ideados de manera sincrónica, intuitiva, por Gustavo Almarcha.
En “Hard” podemos encontrarnos con caras deformadas por gestos desencajados pintadas de manera gestual, expresionista. Con cuerpos solitarios, deformados, encrespados. Con pinturas, dibujos, bocetos, en los que no hay espacio para la amabilidad. El horror, la angustia, el miedo, la desazón -incluso lo grotesco-  lo llena todo.

El retrato del autor adolescente realizado por su padre, un pintor notable (Alejandro Almarcha. Madrid, 1921 - Miranda de Ebro, 2011), preside la muestra, pues de alguna manera sirve de preludio que anuncia el desazonante carácter de esta exposición. Y la paleta del propio artista acompaña a este retrato. Pues al final toda obra está compuesta de dos ingredientes: materia y humanidad. Ingredientes que en “Hard” casi se pueden mascar en el aire mientras deambulamos por la muestra.