19.3.15

COLATERALES

Tras las cercanas elecciones, habrá relevo en nuestra gobernanza. O por lo menos así lo deseamos la mayoría de los que por estos lares vivimos. Pues si hiciéramos un baremo de los resultados obtenidos por nuestras instituciones públicas durante estos últimos cuatro años, esta no arrojaría para nada un saldo positivo. Desde las tres grandes perspectivas que todos tenemos en mente –social, económica y cultural-, estamos peor que nunca. Por una parte hemos visto como desde lo público se ha abandonado la cultura a su suerte: carpetazo al Proyecto Amarika, al Centro Cultural Krea, abandono del Centro Cultural Montehermoso y de la Escuela de Artes. En lo social, todavía estamos viendo como nuestro alcalde recoge firmas para endurecer el acceso a las ayudas sociales. O baja la persiana de proyectos que generan espacios de oportunidad como es el caso de Gauekoak o Goian. Y en lo económico, se ha favorecido a las grandes empresas, inyectándose además recursos desde estamentos culturales: es el caso de la capitalidad gastronómica, por poner un ejemplo. En conclusión: se han habilitado políticas para una minoría, la más pudiente. Y, eso sí, desde nuestras instituciones públicas se ha generado también mucho circo para tener al resto de ciudadanos, a esa gran mayoría, distraídos: festivales de televisión, ferias de lo que sea y... tortillas gigantes.  

Pero, afortunadamente, nuestra comunidad está reaccionando antes estas políticas. Los efectos colaterales causados por ellas son, por lo tanto, interesantes. Porque demuestran que Vitoria no está del todo adormecida. Y, por otra parte, también corrobora el hecho de que cada vez hay menos personas pudientes en nuestro territorio. Tiene, por lo tanto, que haber cambios. Porque, obviamente, la gobernanza es elegida por una mayoría de ciudadanos y no por una minoría. Y la mayoría hace tiempo que no puede más.
En ese sentido, hemos visto como “el gran Wyoming” a su paso por Vitoria hace unos días se retrataba junto a un cartel de “Gora Gasteiz”, ese colectivo conformado por un tropel de personas representativas de nuestra sociedad que se ha creado para contrarrestar el daño social causado por la demagógica recogida de firmas liderada por nuestro alcalde. Dicha agrupación está poniendo en marcha, de manera desinteresada, un gran repertorio iniciativas culturales para dejar claro que en esta ciudad se apuesta por la convivencia y la solidaridad. En definitiva: por una comunidad rica en valores.  

No le gustó a nuestro diputado la foto de Wyoming, pero supongo que menos le gustaría ver, escuchar, como este gran humorista mordazmente denunciaba -días después y en su programa televisivo- el ya famoso caso del millonario alquiler firmado por Alfonso Alonso con un empresario alavés. Para el que no recuerde el caso, le refresco la memoria: éste compró un local de 2,7 millones de euros y Alonso se lo alquiló poco después -en un contrato brindado- por 8 millones a 20 años. Queda claro que nuestra gobernanza ha situado a Vitoria “en el mapa”. En el de la chanza nacional.