12.5.15

PROGRAMA

Poca política en materia de cultura se está viendo en los programas de los partidos políticos que se presentan a las elecciones locales. O bien, lo que se ve, no es cultura, sino ideología en la mayor parte de los casos. No es de extrañar, pues la cultura es este país siempre ha sido -y es-, en lo que a política se refiere, una gran desatendida. Habrá que esperar un poco a ver qué proponen los nuevos partidos, como Podemos o Ciudadanos, pues son agrupaciones de nuevo cuño que todavía están elaborando su programa. En el caso de los primeros, el Círculo de Cultura de Podemos –que está formado por más de trescientas agentes culturales procedentes de distintos ámbitos del mundo cultural y de todos los puntos del país - su intención es dar forma a una propuesta electoral para las próximas elecciones generales "que no sea solo de un partido político sino un programa del conjunto de la sociedad."

Habitualmente los partidos políticos levantan – o eso intentan- sus políticas sobre tres grandes pilares: el social, el económico y el cultural. Y ese es el problema. Porque la cultura no es una pilar, sino un intangible imaginario que tiene que atravesar y calar los otros dos. Porque, ¿se puede hacer políticas económicas sin una dimensión cultural? Sí, pero ya vemos a lo que nos ha llevado esta manera de obrar: todavía estamos bajo las botas de una economía amoral, insolidaria, desequilibrada. ¿O podemos abordar cuestiones sociales tan importantes ahora mismo como puedan ser la emigración, diversidad, multiculturalidad…, sin un marco cultural? Ya vemos que no. Ejemplos concretos los tenemos ahora mismo en Vitoria-Gasteiz de manos del equipo de gobierno actual.
En las últimas dos décadas, a las tres pilares anteriormente mencionados se le añadido una cuarta pata. O, más bien, la cuestión cultural ha sido eclipsada por la medioambiental. Que es mucho menos abstracta, etérea que la cultural. Y así, el progreso sostenible de los que muchos hablan se sustenta ahora mismo en tres ejes: económico, social y medioambiental. Pero una vez más la cultura se  hace necesaria para entender y transformar nuestro entorno, ya sea este natural o urbano.


Pero vayamos a casos concretos: ¿dónde, por ejemplo, aparece la idea de felicidad, como objetivo fundamental de cualquier ciudadano, en un programa político? ¿O la memoria histórica? ¿La creatividad? ¿O el conocimiento, que es algo tan necesario para poder elegir a nuestros gobernantes? ¿Cómo podemos producir cambios en las tradiciones que se han quedado ya obsoletas para poder integrarse en nuestras vidas? Quizá algunas de éstas últimas tengan que cambiar o desaparecer. Como sucede con los toros, o con esos Alardes en los que solamente aparecen hombres y se discrimina, por tanto, a las mujeres. Obviamente desde perspectivas estrictamente económicas, sociales o medioambientales estos interrogantes no pueden resolverse. En definitiva: el gran árbitro de todos los paradigmas de nuestra sociedad tiene que ser la cultura.