21.5.15

SHERLOCK LIBRE

Todos sabemos lo que son los derechos de autor. Resumiéndolo mucho: una obra –un dibujo, una canción, un libro, una película…- es siempre de su autor. La Declaración Universal de los Derechos Humanos reconoce que éstos pertenecen al ámbito de los derechos humanos fundamentales. Y así si alguien quiere comprar un libro para leerlo, oír una canción o simplemente, mercadear con el trabajo de un creador, este tiene que recibir un dinero por ello. A no ser que el creador ceda esa obra gratuitamente a la sociedad para que sea de dominio público. ¿Qué sucede cuando el autor fallece? En ese caso los derechos de autor los hereda su familia. Pero existe un límite. En la mayoría de los países del mundo cuando el artista ha fallecido setenta años atrás, los derechos de autor desaparecen. Y su obra pasa a ser de dominio público. Es decir: forma parte del patrimonio inmaterial de la sociedad. Cualquiera, entonces, puede leer gratuitamente ese libro, oír una canción… o, simplemente, comerciar con ese material ya que puede ser utilizado libremente por cualquier persona siempre que se respete la autoría y la integridad de la obra. Porque una obra siempre será de su autor y nadie, sin su permiso, puede modificarla. O apropiarse de ella diciendo que es suya.

Lo interesante de todo esto es que hoy en día existen miles de obras que son de dominio público. Son del mundo. Eso significa que podemos disfrutar de todas ellas gratuitamente. Claro, uno puede pensar: “pero si quiero leer un libro, lo tendré que comprar…” Pues no: para eso están los formatos digitales. Todos podemos ahora mismo leer libros, oír música… gratuitamente. Porque no hay soporte que adquirir. Eso es lo interesante de este mundo virtual también gratuito: a través de las obras de dominio público podemos descargar y leer o escuchar los libros y músicas de forma ilimitada. Pues, en el fondo, ya son nuestras, de todos, de la humanidad.

Todos los años pasan a engrosar la lista de autores de dominio público una importante nómina  de escritores y músicos. Hace un par de años, por ejemplo lo “holmesianos” estuvieron de enhorabuena: pues los personajes pergeñados por la pluma de Arthur Conan Doyle (por supuesto, también el mismísimo Sherlock Holmes) pasaron a dominio público. Aunque costó que fuera así: los herederos de Doyle acudieron a los tribunales cuando un ontólogo (Leslie Klinger) quiso publicar nuevas aventuras de Sherlock Holmes sin pasar por caja. Al final la editorial se asustó y el libro no llegó a publicarse. Pero Klinger no se conformó y demandó a los herederos. Y ganó el litigio. "Sherlock Holmes pertenece al mundo", anunció Klinger en un comunicado publicado en su página web “Free Sherlock”. El personaje ganó así su merecida libertad. Por fin dejó de ser cautivo de nadie.

En cualquier caso muchos herederos de autores que pronto pasarán a ser de dominio público están reclamando una ampliación de plazo de “esclavitud”: un margen de 95 años. El tiempo dirá si lo consiguen o no…