8.6.15

ESCLAVOS

Alguien os pide que realicéis un trabajo para una institución. Os ha costado un tiempo y un esfuerzo. Incluso un dinero. Tenéis que dedicarle unas horas. En esa institución pública obviamente todo el mundo trabaja y cobra por ello. Pero os dicen que no os van a pagar nada. Estas cosas ocurren. ¿A quién? A los artistas. Porque en esta ciudad, en ciertos lugares públicos, uno puede acudir a una exposición en las que se muestra el trabajo de ciertos creadores a los que nadie ha abonado nada por su trabajo realizado. El público debería de negarse a acudir a estos espacios donde se engaña y explota a los artistas.

Si un artista lleva su obra a una institución, costándole ese proceso unas horas de trabajo -en el caso de que su trabajo lo tenga ya realizado-, lo lógico sería que le pagasen esa “salida". Como a un fontanero o a un albañil. Pero no. Se entiende, algunos entienden, que ese servicio tiene que ser gratuito. Porque lo ha realizado un artista.

Que alguien sea artista no es excusa para que no se respeten sus derechos como trabajador. Algunas instituciones actúan con los creadores como ciertos empresarios sin escrúpulos lo hacen con los inmigrantes ilegales. Pero, obviamente, sin requisarles el pasaporte para obligarles a trabajar por la cara. Se les engaña diciéndoles que es una manera de promocionar su trabajo. Ya vemos en esta ciudad y bajo esa política cómo se ha promocionado a los artistas… No existen. La realidad es que algunos quieren mantener ciertas infraestructuras culturales públicas –y sus sillones- en base a no pagar a la gente de la cultura.

Como todo el mundo en un estado de derecho, los artistas tienen que cobrar por su trabajo. Que alguien te proponga trabajar gratis, debería de ser delito. Los inspectores de trabajo deberían acudir a las exposiciones de arte en los espacios públicos para ver si esas personas que están colgando su obra en sus salas tienen algún tipo de contrato. Salas en las que, por ley, está prohibida la venta de arte.

Cuando un artista trabaja en su estudio no establece relaciones laborales con nadie. Nadie le paga por trabajar en su taller, obviamente. Pero si le llaman para currar, entonces es de cajón que se está estableciendo una relación profesional que tiene que ser regulada: contrato, alquiler... lo que sea.

Si algunas instituciones dedicadas a la cultura no pueden establecer una relación laboral digna con los artistas que alimentan sus programaciones, lo que hay que hacer con ellas es simplemente cerrarlas. De la misma manera que hace un empresario cuando no puede pagar a sus trabajadores. Y los artistas deberían de denunciar este tipo de trato. Deberían de politizarse. Deberían asumir que tienen que reclamar justicia. Luchar contra su precariedad laboral. Establecer un diálogo con la institución y pedir que se implementen unas buenas prácticas cuando se dé una relación profesional. Hasta que esto no se haga, nuestros artistas locales seguirán como están: tratados como esclavos por algunos.