26.9.15

MESA

Pocos son los que conocen el mundo laboral de los trabajadores del arte y de la cultura que bregan fuera del seno institu- cional. Se necesita un contacto directo con actores, actrices, cineastas, escritores, artistas… para saber cuál es su realidad en ese ámbito. Uno recuerda el caso de Gabriel Celaya, poeta que parió a golpe de pluma más de un centenar de obras. Celaya, quizá el máximo exponente de nuestra poesía social. El poeta, para sobrevivir al final de sus días, vendió su querida biblioteca al Estado. Pero consumió el dinero en poco tiempo y su compañera reclamó más ayuda cuando el poeta enfermó. Y así el Ministerio de Cultura, en 1990, se hizo cargo del coste de su estancia en el hospital. Al año siguiente, falleció. No es un caso único: arte y pobreza caminan muchas veces de la mano, pues los artistas – salvo algunas visibles excepciones- siempre han vivido en la precariedad laboral. Esta realidad no ha cambiado en nuestro país. Lo paradójico es que en torno a los autores brotan estructuras que sí ganan dinero –las famosas industrias culturales- pero, sorpresivamente, el menos beneficiado del mercadeo cultural es el propio artista.

Existe un decálogo de buenas prácticas en el arte elaborado por el propio Ministerio de Cultura en el que, por ejemplo, se estipula que el autor reciba el quince por ciento del presupuesto total de su exposición en concepto de honorarios. Cuestión que a veces se cumple y muchas otras no. Con lo que se puede dar la circunstancia de que un artista ponga en marcha una muestra en la que todos los implicados son remunerados por su trabajo (montadores, cuidadores de salas, directores, técnicos del centro cultural… más diseñador, fotógrafo e imprenta si hay publicación) y él no reciba nada por su trabajo. Pero por parte del fisco se le trata como a un profesional más, con todas las cargas fiscales aplicables a cualquier otra actividad. Eso es lo curioso: a la hora de trabajar te explotan, pero a la hora de cotizar, te exigen que cumplas. La realidad es que todos los estudios realizados en este país revelan que la media mensual de los ingresos del 66% de la población artística es de 500 € mensuales. Para que nos situemos: la cifra de población artística residente en España en el año 2003, era de un total estimado de 11.236 personas. Queda claro que una mayoría tienen que vivir no del arte sino de algo más. Según estos estudios, el 50% de los artistas visuales compagina esta profesión con otro tipo de actividad laboral para poder sobrevivir

¿Y cómo viven los artistas en Europa? Tanto Alemania, como Francia, Países Bajos… le reconocen al artista un estatuto especial como creador. Con ciertas ventajas fiscales y apoyos públicos. Pero para conseguir eso, los artistas europeos se han organizado. Cuestión que aquí, en nuestra provincia sobre todo, es fundamental acometer. En ese sentido, esperamos con interés la presentación pública de la Mesa Sectorial de la Cultura en Álava para la Creación Contemporánea.