23.12.15

COLORES

¿Se puede hablar de una cultura nacionalista, de derechas, de izquierdas,de centro...? Para los nacionalistas, por ejemplo, la cultura es un instrumento pensado para construir identidad, país. Para los neoliberales la cultura no deja de ser algo que se genera desde el sector privado y que va dirigida a hacia unos clientes: los consumidores culturales. Para la izquierda, la cultura sirve para inculcar en la ciudadanía una serie de valores próximos a su pensamiento político. O, en el mejor de los casos, un medio para buscar un retorno social de cualquier inversión pública en materia de cultura. Recordemos el arte que surgió durante las dictaduras de izquierdas: el “realismo socialista”, una corriente que imperó en Rusia durante muchas décadas. Su esencial objetivo era que el comunismo como ideología se convirtiera en protagonista absoluto del arte, ya fuera una novela, una obra de teatro o un cuadro. Y así, actualmente, podemos encontrarnos en Corea del Norte con la primacía absoluta de esta manera de entender la cultura. ¿Cuál será, por lo tanto, el gran poder oculto que encierra la cultura para que todos poderes, ya sean de derechas, de izquierdas o del centro siempre quieran moldearla a su conveniencia? 

Para la izquierda más comprometida –no me refiero a la socialdemócrata- el arte actual no deja de ser elitista. Quiere un arte popular. Busca en él una utilidad. Que sea un medio, no un fin. Le encantaría que todo ciudadano hiciera arte, se expresara con él. ¿Pero de qué manera? No son conscientes de que la mayor parte de las personas, después de un trabajo de ocho horas diarias, no van a irse a sus casas para darle en su tiempo de asueto a una instalación, una perfomance o una obra conceptual. Buscarán, como mucho, realizar una actividad artística más cercana a lo artesanal. Entenderán el arte como una manera de llenar su tiempo de ocio. Cuestión totalmente legitima, sana y que hay que incentivar. Pero de la misma manera que la sociedad delega en una serie de personas el arbitraje de la sanidad, la educación, la ciencia… también en cultura sucede otro tanto. La sociedad necesita de escritores, artistas, cineastas… Para que pergeñen cultura, arte de calidad. Y, después, desde la política, se tendrán que crear puentes entre la esfera cultural y la ciudadanía. De la misma manera que se tienen que crear desde cualquiera de los otros ámbitos del saber: ciencia, economía, filosofía… El ciudadano tiene que tener las claves para entender –sin tener que ser por ello un especialista- lo que en todos los terrenos del pensamiento se hace. Y ahí es fundamental la labor que se realiza desde la educación. Pero si eliminamos materias de los planes de estudio como puedan ser el mismo arte o la filosofía, ¿cómo queremos que estos puentes se construyan?



En definitiva, el único retorno que tenemos que buscarle a la cultura es el propio retorno cultural: que la gente sea más culta. Porque así será más crítica y libre. Tendrá la cultura para poder elegir el color político que quiera que ocupe su gobernanza.