14.2.16

GAZTEARTE

En ocasiones hemos hablado del mal estado de la cultura en nuestra provincia. Una cultura maltratada por nuestros gobernanza, sea ésta municipal, foral, autonómica o estatal. Este año hemos vuelto a constatar como en los presupuestos de todas y cada una de las instituciones que nos gobiernan, Álava es la gran olvidada. ¿Por qué? Fundamentalmente porque en nuestro territorio no apostamos por la cultura. Y eso se proyecta al exterior. Proyectamos falta de confianza en lo que hacemos, en nuestros artistas, en nuestras infraestructuras. Y, así, mientras en territorios cercanos sus respectivos organismos han practicado recortes de un quince por ciento en tiempos de crisis, aquí han sido de un cincuenta. Nadie cree en la cultura alavesa.
En cualquier caso, estos años hemos visto que aunque nuestros departamentos de cultura han estado mirando para otro lado, el Servicio de Juventud de nuestro ayuntamiento ha puesto en marcha proyectos culturales eficaces. Es paradójico que desde un órgano destinado a la juventud se valore más los valores intrínsecos de la cultura que desde otros órganos estrictamente culturales. Pero así es. Pues el Servicio de Juventud, según podemos leer en su web, “tiene como objetivo fundamental establecer criterios, objetivos y medios para mejorar la calidad de vida de las personas jóvenes en nuestra ciudad”. Es decir: desde Juventud entienden que la cultura es sumamente importante para el desarrollo de las personas. Por el contrario, nuestros departamentos de cultura apuestan porque ésta sirva –resumiéndolo mucho- para atraer turistas (turismo cultural) o tener a la gente entretenida (ocio).
Y estos días en Montehermoso se puede visitar una muestra de cuatro jóvenes como guinda de un proyecto que ha funcionado bajo el paraguas del Servicio de Juventud: Gaztearte. Un formato alejado del manido recurso expositivo: durante el pasado mes el cuarteto de creadores ocupó el depósito de Aguas produciendo una serie de obras. En vivo y en directo: el público pudo acercarse al lugar –un espacio luctuosamente infrautilizado- para ver cómo éstas iban poco a poco pergeñándose. El resultado de este taller, que además estuvo tutorizado por otros dos veteranos artistas, se muestra, reiteramos, en una sala de Montehermoso.

Ariadna Chezran nos presenta su propuesta -a caballo entre pintura y escultura- Alétheia (del griego verdad, desocultamiento del ser. Aquí, ahora y eternamente es el proyecto de Jon Gil para Gazte Arte. Una reflexión sobre la muerte -en formato pictórico y escultórico- cimentada en la tradición mexicana. Julia Fernández apuesta por el cómic. Giara es quizá el futuro alter ego de Julia: una joven estudiante de robótica. Recordis abre espacio a la memoria y al recuerdo de la mano de Jennifer Custodio buscando la complicidad del espectador a través de su participación en la construcción de esta obra mediante pequeñas esquelas de sus recuerdos. En definitiva: una buena oportunidad para acercarse al mundo del arte emergente cercano.