18.4.16

PROMOVER

Acercar el arte y la cultura a la ciudadanía debería ser el principal objetivo de todos los que nos dedicamos a hablar, escribir, sobre arte y cultura. Y el de los que se dedican a producir, mediar, exponer, comisariar, actuar, filmar… idem. Pues uno de los grandes problemas de nuestro país estriba en la existencia de un gran alejamiento, una gran distancia, entre los ámbitos contemporáneos del pensamiento y de la creación, por una parte, y la propia ciudadanía, por otra. Es decir: ésta última no llega a entender la producción artística y cultural. Y la primera no pone en marcha instrumentos para acercarse a la segunda. Es probable que una de las razones de la presencia recurrente de la sombra de esta dicotomía la encontremos en el incierto y nebuloso espacio que ocupa el arte contemporáneo en el imaginario colectivo de una ciudadanía que lo mira con cierta reticencia desde el exterior, desde el “otro lado”. También hay que señalar que ésta no es una realidad específica de nuestro entorno, pero sí que adquiere aspectos muy propios cuando la cotejamos con las realidades de algunos países vecinos.

La visión popular nuestra, a pie de calle, tiende casi siempre a captar el arte contemporáneo, la cultura actual, como entes elitistas, snobs. Y la verdad es que resulta difícil encontrar otro territorio extra nacional dónde la palabra “artista” pueda utilizarse de manera tan peyorativa como aquí. Y así “artista”, hablando en plata, es para muchos todo aquel que vive del cuento. No es de extrañar, por lo tanto, que los ciudadanos no reaccionen de manera alguna cuando desde la gobernanza se practiquen recortes en materia de cultura o las políticas culturales simplemente no existan.


La realidad del mundo de la cultura y del arte por estos lares cambiará, mejorará, cuando la ciudadanía reclame a nuestros responsables políticos reformas en esas esferas. Y para que eso se dé, todos los que se dedican al arte y a la creación tendrán que asumir que su trabajo se dirige no sólo a los cuatro entendidos de turno, sino a toda la sociedad. Y tendrán, asimismo, que aceptar que para ello previamente se tiene que hacer una labor conjunta, juntarse, unirse, para trabajar las bases, que son el público: el pequeño coleccionista de arte, el comprador de libros, las parejas, los amigos, que acuden al teatro, al cine… Para explicar a la ciudadanía que la mayoría de los artistas, no viven del cuento, sino que trabajan intensamente a diario en unas condiciones laborales, económicas, para nada favorables. Los datos son los datos. Ahí están. Pero muchas veces no se convence a nadie con ellos. Se convence con simpatía, con cercanía, no con razones ni argumentos. Siendo divulgativo y no críptico. Haciendo un esfuerzo por descender del púlpito cultural. En ese sentido los directores, equipo humanos, de los diversos equipamientos institucionales relacionados con el arte y con la cultura deberían hacer el esfuerzo de propiciar ese encuentro entre la ciudadanía y estos ámbitos.