2.1.17

MIEDO AL ARTE

Cada vez es más difícil crear: a los trabajos de los artistas les aplicamos filtros. De entre ellos el que más mina al mundo del arte es el filtro de “lo políticamente correcto”. Y ese tamiz, no sólo proviene de los poderes públicos que ejercen sus consabidas funciones de control, sino que esa labor policial se está extendiendo a la propia ciudadanía. Porque vivimos en una sociedad en la que cualquier ciudadano, colectivo, se siente ofendido por cualquier representación, ficción, opinión.

Puede ser defendible que ciertos filtros se apliquen a campos como el de la política, la comunicación o el de la publicidad. Pero el terreno del arte debe de ser un espacio sin filtros. Porque es el terreno de la representación, de la imaginación. A nadie daña una representación. La obra de Shakespeare, por ejemplo, está repleta de actos cruentos. Hay más de 60 asesinatos en las tragedias de Shakespeare. De todo tipo: por amor, por venganza, por honor, por despecho… Pero es ficción. Y la ficción es como una vacuna que nos protege de la realidad. Pues sólo, reiteramos, la realidad nos puede causar daño. Se acusa a la representación de ser violenta, de ser machista, sexista, homófona… Lo curioso es que cuando uno ve -visiona, lee- una obra de arte, con su lectura la completa. Si uno es de pensamiento –por ejemplo- feminista, verá machismo en casi cualquier obra. Si uno es comunista, verá derechismo en ella. Y así hasta el infinito. Si un novelista tuviera que escribir desde lo “políticamente correcto” para no herir ninguna sensibilidad, no podría redactar ya ni un cuento infantil. Pensemos en “Caperucita roja”, o en “Blancanieves”, por no hablar de los “Tres cerditos”. Cuentos repletos de actos atroces, pero que curiosamente, funcionan como una vacuna para los infantes. ¿Protegemos a los niños de las ficciones crueles? ¿Y qué sucederá cuando en su vida se enfrenten a un horror real? En el mundo de la ficción un zombi puede comernos, ser aplastados por un meteorito… Y sí, puede provocarnos miedo, terror… pero no puede hacernos ningún daño.

Hoy en día se denuncia a alguien por contar un chiste de humor negro. O se censura una exposición por mostrar representaciones obscenas. Los medios de comunicación se hacen eco de esos “escándalos”. Cuando lo realmente escandaloso es lo que sucede en la realidad. La batalla se está desplazando al mundo de la representación. Nos preocupamos más porque un artista realiza una obra provocativa que porque en el mundo real se cometan diariamente todo tipo de atropellos. Parece ser que como no podemos cambiar la realidad queremos cambiar su representación.

Nunca nadie ha muerto por leerse un libro. Nunca nadie ha acabado en la miseria por ver una película. Pero pedimos a los artistas que sean “políticamente correctos” cuando es la política la que tendría que ser correcta.
El problema es que estamos confundiendo la ficción, el arte, con la vida. No diferenciamos ya cuál es cuál.