4.3.17

COLA

El otro día, el Observatorio de la Cultura -instrumento creado por la Fundación Contemporánea- hacía público su diagnóstico de la cultura en nuestro país. Un diagnóstico nada positivo para nuestra ciudad, por cierto. En ese sentido, nada nuevo bajo el sol. Llueve sobre mojado.

La mencionada fundación utiliza desde 2009 esa herramienta que está fundamentada en unos indicadores. El observatorio realiza una consulta anual para detectar y medir la actividad en materia de cultura de las diferentes comunidades autónomas y ciudades. Siempre basándose en las grandes actuaciones de las instituciones y recogiendo los acontecimientos culturales más destacados del año, pero también computando la evolución anual de los presupuestos de la cultura. Con todo ello se envía un cuestionario a un grupo de expertos en la materia. Más de mil profesionales de todos los sectores de la cultura que aportan sus percepciones sobre la realidad de las actuaciones culturales. Siempre midiendo el impacto mediático de éstas. Finalmente, se redacta el diagnóstico. Es, por lo tanto, un instrumento útil para nuestra gobernanza que siempre está muy interesada en que todo lo cultural gestionado por ella tenga su repercusión en los medios. El estudio cubre 20 ciudades, las más pobladas de todas las Comunidades que conforman el Estado español. Vitoria, por lo tanto, entra en el cupo. Y sólo dos de ese total han quedado por debajo de Gasteiz. Estamos en la cola. Queda claro que las políticas culturales en nuestro territorio estos últimos años han sido nefastas. Enfocadas en "vender ciudad" en vez de en preocuparse por generar cultura. Estamos a la cola, sí. Todas esas gaitas que organizan nuestras instituciones, llámense ferias medievales, del vino o de series televisivas, con la cantinela de “poner la ciudad en el mapa” parece ser que solo tienen repercusión de puertas a dentro.

La cultura, además de pensamiento, genera industria, genera trabajo, espacios de oportunidad. Recordemos que hoy en día aporta más al Producto Interior Bruto de nuestro país que la agricultura o que la pesca: casi un 4%. Pero para eso hay que crear previamente tejido, apoyar a los creadores, mediadores, productores... Porque las industrias y el empleo no surgen de la nada. En cambio aquí se ha apostado por la "festivalitis" mirando hacia la atracción del turismo cultural. Y es absurdo: Vitoria es productiva -o lo era- y tiene capacidad para generar cultura. Para hacer de ésta un sector productivo de primer orden. Vivir del turismo sólo es una opción a abordar por los territorios que no tienen nada mejor que ofrecer.

En fin, una vez más la cultura debería ser pensada por expertos y no por políticos que la usan para sus fines. Mientras tanto, entretenidos están - y entretenidos nos tienen- con la redacción de los Planes Estratégicos de Cultura. Que los acabarán y ejecutarán cuando terminen sus legislaturas. Un barniz para cubrir las evidentes deficiencias de su gestión cultural pública.