22.4.17

ARCO Y MERCADO

Este miércoles se inauguraba ARCO. Treinta y seis años lleva funcionando esta cita anual que se desarrolla en Madrid. Una feria de arte contemporáneo que se ha convertido en el principal evento de nuestro país relacionado con ese ámbito. Pero no nos engañemos: de lo que se trata en Arco es de vender arte y de vender entradas. Entradas a cuarenta euros. Pues sus objetivos son económicos, más que culturales. Las galerías rentabilizan sus costosos espacios abarrotándolos de obra. No es ésta, por lo tanto, la mejor forma para que el espectador se sumerja en el mundo del arte. Y es que los tres modos en que nos relacionamos con el arte, recordemos, son el paseo, la discusión y la contemplación. La manera, el modo, en que se plantea la experiencia artística en Arco tiene que ver, sobre todo, con “el paseo”, como el paseo por un supermercado. Porque Arco se fundamenta en el consumo. Pero la discusión y la contemplación son modos de relacionarse con el arte difíciles de trasladar a una feria. Y ésta no puede ser convertirse en la gran cita nacional para el arte. Pero, claro, al público eso no le importa en absoluto. El público quiere asistir a un acontecimiento mediático y multitudinario. Y lo triste es que para muchos ésta será la única vez que este año se aproximen a una obra de arte contemporáneo.
Las cifras de visitas son altas: unas 150.000 personas suelen pasar por esta cita centrada en al arte comercial. ¿Y qué pasa con las ventas? Se vende poco y mal en este país. Con la crisis, nuestros museos ya no tienen capacidad para comprar arte. Y el elevado 21% de nuestro IVA cultural aleja al potencial coleccionista extranjero. Son malos tiempos para el arte… Pero no sólo hablamos de nuestro país: el mercado mundial ha caído en 2016 de una media de un 30%. Las ventas se han reducido tanto en Londres, como en Nueva York como en Pekín. El arte ya no interesa como antes.

Por otra parte, la galería Windsor, en Bilbao, ha bajado la persiana. Hablamos de la galería vasca dedicada a la venta de arte más veterana: con 46 años de solera. “Las instituciones públicas no invierten dinero en adquirir arte y no hay recambio natural de coleccionistas. No hay mercado, la sociedad que se acercaba a nosotros para solicitar una obra ha desaparecido. Las nuevas generaciones no compran arte, amplían una foto por 40 euros y sustituyen con ella un cuadro. No vienen a las galerías para visitar exposiciones, ni siquiera muchos alumnos de Bellas Artes acuden a verlas. Recuerdo que cuando la galería abrió sus puertas, venían constantemente, querían conocer lo que se hacía en el mundo artístico. En la actualidad, piensan que con las nuevas tecnologías ya tienen cubierta esa necesidad. Incluso muchos artistas ya ni siquiera quieren organizar exposiciones, tienen que invertir una cantidad considerable y luego no venden obra. No les resulta rentable”, explicaba a la prensa el galerista de Windsor, Roberto Sáenz de Gorbea. ¿Estamos asistiendo al fin del mercado del arte?