22.4.17

REALIDAD

Por primera vez en nuestro país se publica un riguroso informe que confirma con datos la dura realidad económica y profesional de nuestros artistas. Mucho se estaba hablando de ella últimamente, sobre todo desde el inicio de la crisis económica, pero nadie se había animado a dejar de lado conjeturas y especulaciones para ofrecernos una perspectiva real de la situación de nuestros creadores. Hubiera sido de desear que esta labor la hubiera asumido nuestro Ministerio de Cultura, pues es responsabilidad de dicha institución pública velar por la cultura, por el arte, por nuestro patrimonio pasado, presente y futuro. Pero no ha sido así.

“La actividad económica de los/las artistas de España”, es un libro escrito por Marta Pérez Ibáñez, profesora de la Universidad Nebrija, e Isidro López Aparicio, profesor de la Universidad de Granada, editado por ambas universidades. Un libro que pone los puntos sobre íes. Las conclusiones son palmarias: los ingresos anuales del 64 por ciento de los artistas por su trabajo artístico no supera los 1.600 euros. En todo un año. De ahí que tengan la necesidad de compaginar la producción artística con otros trabajos. Pero ni con esas: un 47 por ciento de los artistas en España ingresan menos de 8.000 euros anuales. Recordemos que el salario mínimo interprofesional en nuestro país es de 9.906,40 €. Y sólo un 30 por ciento de nuestros creadores plásticos pueden hacer frente a sus cuotas de autónomos. Otro tercio, el 28,8, están inscritos en el paro. Y el resto, un veinte por ciento, trabajan por cuenta si exceptuamos a los “rara avis”: un escaso 2 por ciento integrado por creadores que pueden aportar un salario a otros trabajadores. Pero ahí no queda la cosa: no llega al 1 por ciento (0,7) la proporción de artistas que han cotizado más de 35 años y que, por tanto tendrán derecho a cobrar una pensión. Y desmontando el mito de que la compra de arte es cara, un 41,3 por ciento de ellos declara que el precio medio que se pagó por sus obras fue de entre cien y quinientos euros.

Se desmantelan, por lo tanto, las ideas generalizadas, tópicas, que tenemos sobre los artistas: “venden obras a precios multimillonarios” o “viven de las subvenciones”.

Leyendo este trabajo, dilucidamos que la mayoría de los artistas tienen un impulso vital que les empujar crear, por ser hacederos de arte, aunque estén viviendo al borde de la miseria.

Podríamos pensar que ellos se lo han buscado. Podríamos aconsejarles que vayan a un psicólogo para que les ayude a curarse de ese “impulso vital”, de esa especie de enfermedad que les empuja a llevar una vida tan, en lo económico, paupérrima. Porque podríamos concluir que no necesitamos a los artistas. Que no necesitamos el arte. Pero también podríamos cavilar que sí, que es necesario el arte. Entonces deberíamos intentar solucionar las problemáticas que vive ese sector de la población que ha elegido crear. Crear un patrimonio cultural para nuestra sociedad.